jueves, 14 de febrero de 2013

Soltería 101 - Capítulo 2 - San Valentín

No es un cliché. El 14 de Febrero, alias San Valentín y también conocido como “Día de los Enamorados” (“y de la Amistad”, para quienes no quieren sentirse patéticos por estar solos) es una fecha complicada. Echémosle una mirada al porqué.

Desde que las primeras hormonas comienzan a hacer efecto en nuestro organismo, por allá en la pubertad, sufrimos una mutación. No, no estoy hablando de los pelos al sur del ombligo o el cambio de voz. Me refiero al surgimiento de una hasta ese entonces inexplicable atracción por otras personas, que si bien en un 90% de las veces es más canal que otra cosa, también se expresa con un ridículo romanticismo. Éste alcanza su cúspide este día, en el que la sensiblería se esparce más rápido que un apocalipsis zombie. Si estamos solos, nos invade un sentimiento incómodo cada vez que nos encontramos con los protagonistas de esta celebración: los enamorados.

Tratamos de evitarlos, huir de su presencia, pero están en todas partes: en la tele, la radio, la prensa, internet, y, sobre todo, en la calle. Se pasean por ahí, besuqueándose, tomados de la mano y con una cara de felicidad difícil de pasar por alto. Son una especie de recordatorio de nuestra soledad, y al odiarlos a ellos también nos detestamos un poco a nosotros mismos y nuestra situación actual.

Estar del otro lado tampoco es mejor. Claro, al exterior mostramos una imagen de alegría indescriptible, pero por dentro somos un manojo de nervios. Porque reconozcámoslo: también odiamos San Valentín. ¡Es un maldito estrés! El primero que compartimos con una nueva pareja es terrible, tenemos que hacer algo ultra romántico y especial, sorprender como sea. Lleva semanas de planificación, horas de preparación y varias noches de insomnio. Y con el tiempo no mejora. Si tu relación lleva años, este momento es casi más importante que tu aniversario. Es la oportunidad de limar todas las asperezas, arreglar las cosas e, incluso, intentar revivir la magia del pasado. Seguro que hay amor detrás de todo esto, pero queda opacado por la enorme carga emocional que nos ponemos encima.

Si los dos casos descritos arriba no son suficientes, pues hay un tercero y último, en el que me encuentro ahora: los recién terminados. Este es el escenario más complejo, ya que es una tormenta de sentimientos. Te libras de la presión insoportable de hacer algo este día, pero no necesariamente eres feliz. Sí, estás tranquilo, pero hay una pequeña parte de ti que añora esa angustia. Esta añoranza tiene distintos niveles. Los más altos llevan a ciertas personas a tomar medidas desesperadas para estar junto a alguien este 14 a cómo dé lugar, ignorando valores tan importantes como la dignidad o los Derechos Humanos. Como acompañantes desfilan uno o varios ex, amigos de Facebook, hombres elefantes y hasta seres mitológicos; pasando así a pertenecer a la categoría del “Kamikaze del Amor”.

Pero también hay otra opción, como el arte de hacerse el cool, el relajado. “Estoy solo y no me importa”, será el lema. ¿Panoramas? ¡Claro! Deportes extremos, experimentación con alcohol y drogas varias, y reuniones sociales con los amigos, la familia, ex compañeros de la primaria o la gente del Metro. Lo malo de esta postura es que agota, y bastante. Tienes que demostrarle a todos lo bien que dices estar y, además, creerlo tú mismo. Es la categoría más difícil, la del “Nihilista del Amor”. La mayoría de los nuevos solteros vagan en el medio de estas posturas, caminando en una peligrosa cuerda floja, con el riesgo de caer en cualquiera de los dos extremos más de una vez.

¿Qué opción tomaré hoy? Creo que partir por escribir esto ya es hacer algo. Bueno o malo, no lo sé aún. Pensaré en eso cuando llore abrazado a mi almohada hasta quedarme dormido esta noche.

domingo, 10 de febrero de 2013

Soltería 101 - Capítulo 1 - Lesión

Es difícil ser soltero, mucho más si estás muy fuera de práctica. En los 9 años que he estado fuera de las pistas las cosas han cambiado bastante. Por lo mismo y a modo de terapia personal escribiré esta columna. Existe una pequeña posibilidad de que ayude a alguien más o, al menos, eso espero.

Antes del fin, había entrado en una crisis vital. Mi relación ya venía mal, pero hubo un momento en que todo lo demás colapsó. Estaba angustiado, deprimido, en tratamiento psicológico y tomando ansiolíticos. En resumen, estaba cagado. No digo que terminar me curó, pero una vez que pasé la pena, me vi delante de un gigantesco espacio vacío que debía llenar de alguna forma. Era mi decisión enfrentar este desafío con optimismo o pesimismo, así que tomé la primera opción.

Pasaron algunas semanas para tener el valor de aventurarme a salir. Primero con amigos y luego, en un arranque de locura, completamente solo. Creo que ese momento me marcó, tanto así que entré en una especie de euforia. Verán, cuando uno se sumerge de lleno en una relación de pareja, se pierde un poco. Decides modificar tu forma de ser para que todo funcione bien, para lograr un equilibrio con tu compañero. Pero creo que después de tanto tiempo, ya no sólo modificas tu conducta, sino que pasas a adoptar esa nueva personalidad. Y claro, terminas y esa persona que eres ahora ya no tiene sentido, porque ese tú sólo funciona si ese otro sigue a tu lado. "¿Quién mierda soy?" te preguntarás entonces.

No creo que festejando me descubrí a mí mismo, pero sí empecé a conocer partes de mí que me eran desconocidas. De ahí vino la euforia, una gran excitación por conocer todas las posibilidades de esta nueva vida, este nuevo yo. Pero claro, me pasó lo mismo que cuando comencé a hacer running un tiempo atrás.

Octubre 2011, 8 AM. A unas 6 cuadras de mi departamento, con zapatillas de running nuevas, shorts y actitud desafiante, comencé a correr. Lo seguí haciendo por un par de meses, hasta que el dolor de rodillas fue tanto que apenas podía caminar. Era de esperarse: hasta ese momento yo había vivido 28 años de vida absolutamente sedentaria y mi mayor deporte era pararme de mi escritorio para ir al baño o comer algo. ¿Qué pasó al final? Me lesioné.

Volviendo al presente, a casi 5 meses de haber puesto fin a mi relación, me volví a lesionar, pero en mi vida. Verán, esta euforia que sentí me llevó a tratar de hacer todo, rápido. Viajé dos veces, salí de fiesta innumerables ocasiones, conocí mucha gente y gasté demasiado dinero. Viví como si no hubiera mañana, y ahora estoy sufriendo la resaca de ese comportamiento.

Estoy en mi peor momento. Sin trabajo, sin dinero y aún perdido en la pregunta inicial: "¿Quién mierda soy?". Pero como cualquier otra lesión, ésta debería curarse. Sólo necesita tiempo. Mucho tiempo, para mi gusto.

miércoles, 30 de enero de 2013

El Mal Rojo

Albert Einstein dijo alguna vez que la estupidez humana no tiene límites, y la vida se ha dedicado a demostrarme que el responsable indirecto de la muerte de miles de inocentes tenía razón.


Hace un par de días, recorriendo a pie mi querido Santiago, me topé con una manifestación en apoyo a Raúl Castro. Sí, el mismo que ha asesinado, junto a su hermanito Fidel, a miles de cubanos para mantener su "Revolución" andando. Lo sorprendente no era la ya terrorífica escena de lienzos con la cara del Dictador de gorro militar y lentes oscuros con un rictus de maldad absoluta; si no el mar de banderas rojas alzadas por un par de cientos de comunistas que estaban enajenados frente a un escenario en el que una banda con olor a marihuana y pelo sucio tocaba canciones llenas de consignas contra la Derecha.



Asqueado y a la vez atraído por lo ridículo de la situación, me dí una vuelta entre la multitud y saqué algunas fotos con mi teléfono. Me sentí intimidado y no precisamente por estar rodeado de seres irracionales. Sus iPhone 4S, las poleras Armani Exchange, el rostro del éxito, me hicieron sentir menos. Yo, un simple hijo de la clase media más golpeada, desempleado, enfrentado al triunfo de la burguesía pseudo intelectual de nuestro país. Era mucho para soportarlo tan de improviso.



Luego de esta experiencia no puedo dejar de hacer la misma reflexión que hago siempre. Estos seres humanos, que se vanaglorian y sienten superiores por definirse "de Izquierda", y que toman como bandera de lucha los DDHH, ¿realmente creen en su discurso? Osea, la Historia ha demostrado que el Comunismo es sólo una utopía sin sentido, tan irreal y contradictoria con la naturaleza del Hombre que la única forma de llevarla a cabo es mediante gobiernos totalitarios, los que a lo largo de los años han costado la vida de decenas de millones de personas. El Comunismo, de hecho, ha causado más muertes que el Nazismo, el Fascismo (que esta gente tanto dice odiar) y todas las guerras inventadas de Estados Unidos juntos.

A la luz de los hechos, ¿qué mantiene a esta gente apoyando esta basura ideológica? ¿Testarudez, imbecilidad, problemas mentales? No lo sé. Reviso una vez más las fotos con banderas cubanas y pancartas en apoyo al Pueblo Cubano y a su "gobernante" y me cuesta entenderlo. ¿Estaré yo equivocado?


jueves, 23 de agosto de 2012

Indignaos 2: la de verdad


Estoy indignado, y no porque un viejo de mierda francés escribió hace un tiempo un ensayo best-seller sobre el tema; sino más bien por ver la falta de inteligencia y salvajismo que se ha apoderado del mundo que me rodea.

Me violenta recordar cómo miles de jóvenes protestaron y salieron a marchar tras Camila Vallejo, la maquivélica y sexy marioneta de un partido político avinagrado e inconsistente, sólo para dar una vuelta en 360 grados y volver al mismo lugar del que partieron, pero en una situación aún peor y en la que los cambios brillan por su ausencia.

No puedo sino asquearme al ver cómo en un año se destruyó la poca Democracia que había en Chile para dar paso a una “Ley de la Selva 2.0”, en la que los que más destruyen, queman, saquean y se cagan en el Estado de Derecho son quiénes consiguen más rápido soluciones a sus demandas, mientras que los ciudadanos de a pie seguimos trabajando para pagar estos arreglines con nuestros impuestos.

Víctimas de una clase política muy al estilo de la Cosa Nostra, en la que el dinero, el poder y la codicia mandan sobre los colores y las banderas; pero conscientes de que vivir en armonía requiere de no sólo hacer valer nuestros Derechos (esgrimidos por grupos de extremistas muy seguido cuando perjudican sus intereses), sino también cumplir nuestras Obligaciones al marco de la Ley; nosotros, la clase media y baja, estamos condenados. Y no porque no haya nada que podemos hacer al respecto; mal que mal vivimos en un país democrático. Sucumbimos fácilmente a palabras bonitas, ex-presidentas con alta aprobación o recuerdos amargos de años pasados, y nos escudamos en estos pensamientos para seguir votando por los mismos frescos de raja. Tememos al cambio, y pese a que muchos eligieron a un Presidente de Derecha para que pasara algo nuevo, a la primera de cambios todos lo reprueban, dejando de manifiesto no sólo una falta de memoria o consecuencia abismante, sino lo bien que lo hicieron quienes gobernaron los 20 años anteriores para lavarles el cerebro.

Sé que mi indignación anónima no sirve para nada. Negro veo el futuro a merced de las futuras generaciones, ahora con capacidad para votar pero no para pensar. Fácil les resultará a los mismos delincuentes / políticos convencer a estas masas de reelegirlos, para llevar el país, nuevamente, a sus cuentas corrientes e inversiones en el extranjero. Es cosa de hablarles en simple, sacarse fotos con la señora Gordis o con la Vallejo y esgrimir conceptos como “gratis y de calidad”, “revolución” o “Movimientos Sociales” para metérselos al bolsillo.

Estoy indignado, pero con razón, no como los españoles que se juntaron a acampar en Madrid o los que se sentaron alrededor de Wall Street buscando un sentido para sus vidas. Estoy indignado porque veo cómo todo se va a la mierda, pero a la vez esperanzado de que alguien en algún lugar de mi Chile querido piense, al igual que yo, que se pueden cambiar las cosas, y no a la manera que ya se ha impuesto como modus operandi de los mal llamados “Movimientos Sociales”, cuya escalada de violencia en busca de mayor notoriedad sólo puede terminar en terrorismo o guerrillas tipo “Primavera Árabe”. Espero que si existe esa persona sea más bonita y socialmente mejor posicionada que yo. Así, tiene público asegurado.