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martes, 18 de marzo de 2014
Us
I met a very interesting girl that Tuesday. It was my first time there and we started talking at random to soon realize we had a good chemistry. I wanted to see her again, but time passed and that started to seem impossible.
Sex with her at first was really weird. Though, we had a connection our first date, and it was enough to make us connect bed-wise as well. Sex wasn't weird anymore. It was the best I've ever had.
I fell in love with her. I could only tell when I met her again in Buenos Aires, after she left Chile to go back home. Sometimes we looked into each others eyes and I was so immensely happy that some tears would drop from my eyes. Tears of joy.
It was impossible. Our relationship was doomed after she left. We tried to keep it alive, but the distance, the doubts, the suffering; all led to the end. She broke up with me from a hotel in Vietnam. She broke me.
Coming back from the darkness was hard. I met other women, but never felt a connection. Sex was just a distraction, but never really enjoyed it. She was in my head all the time. I even got to the point when I couldn't take it anymore and would write her, just to get it out of my system. A cry for help. Calling out her heart. All I got back was rejection, if I ever got an answer.
Months passed and my heart healed. She was a ghost that kept hunting me, but it hurt less. Until I met another girl. No more darkness.
I spent a week with the new girl, and she left promising she'd return. I didn't think about my old love anymore. There was a new one taking form in my heart. Still, times would come in which a little sting would bother me. "What if she comes back?" I thought. I then immediately would shake that off my head. It was impossible.
To finally move on, I made something that seemed stupid but necessary. I wrote the old girl an email entitled "Last chance." Just got my last deepest thoughts about her out of my head and into words. Wasn't expecting for an answer. Against all odds, I got it.
She was afraid. Ever since she felt our connection the first time, she was terrified by the idea of feeling something profound for me. It was impossible. But she felt it and although she broke up with me and hid that feeling away, it never faded out. Reading my last email made her realize that, but it was too late. I had already moved on.
She confessed she still loved me. I did the same. But when the new girl asked me if she could come in a few days, I said yes. I was afraid. I was hurt. "Is she coming back for good or will she leave me behind again?" I thought every time I talked to old girl.
New girl lived with me for a month. She became my friend and lover. At some points I felt traces of a love that could have been and would doubt my choice. Because I kept in contact with the old girl the whole time. She knew almost everything, except for my ever changing feelings. Didn't want to lose any of them.
In the end, love came through. I couldn't wait or lie any longer. A few days before the new girl was to leave, I told her everything. I had always show my emotional distance and warned her about it, but my doubts and the way I was to her led her to get deeper feelings anyway. She was sad and felt stupid after my confession. I felt like a heartless monster, but I had made my decision. I loved the other girl. Always did.
Now the hard part of the story begins. The new girl is gone, but the wound is very fresh in the old girls heart. I fucked up. I fucked things up big time, but can't see another way in how things would have gone if it wasn't like this. Explaining it will be my mission. Explaining myself and rebuilding our story, her trust. Forgive her for all she made me suffer, and forgive myself for hurting her back.
I am human. Full of imperfection, insecurities, weakness. I have fallen and taken ages to get back on my feet again. I have made mistakes. So has she. Now we are both standing next to the other. We both fucked up in our time, yet here we are, looking forward to meet again. "It was impossible" we thought, but we chose to love, we chose each other. This is/was/will be our story. The story of us.
Us.
sábado, 4 de enero de 2014
Retroceder el tiempo
Lidiar con el corazón roto ha sido mucho más difícil de lo que pensaba. Si a eso le sumamos que además tengo un pie roto, el mal rato está asegurado. Combinar el encierro, una reducción considerable de mis interacciones sociales y muy poco contacto con el sexo opuesto; se ha formado a mi alrededor la receta perfecta para la depresión. Por suerte, no he caído en ésta. No estoy feliz tampoco, sino en un estado de tranquilidad y contemplación. Repaso mi historia personal en profundidad a diario, con especial énfasis en mi fracaso amoroso. Tengo que sacar algo positivo desde lo negativo que esto ha sido para mí.
Es en este estado de meditación y aburrimiento en que la televisión se ha convertido en mi aliada. Me distraigo viendo series y películas de todo tipo, tratando de vivir virtualmente lo que en este momento no puedo vivir de verdad. Es así que anoche tuve una noche de cine romántico, en la cual vi un filme tan hermoso que me hizo llorar por lo menos un par de veces. Estoy hablando de la excelente cinta “About time”, que cuenta la historia de Tim, un tímido chico que descubre que tiene la habilidad de viajar al pasado y cambiarlo. Es así que utiliza esta habilidad para conquistar al amor de su vida y modificar otros episodios de su pasado. Una comedia romántica preciosa, que vale la pena ver.
Sin duda, la temática de “About time” es algo que muchos en mi situación han pensado. Poder retroceder el tiempo para volver a estar con la persona que amé es algo que me he planteado varias veces. Mi imaginación vuela hacia el pasado y me sitúo a mí mismo nuevamente dentro de esos recuerdos. Ser capaz de volver a estar frente a mi hermosa vikinga en aquel bar en la Plaza Yungay, en el segundo exacto en que nuestras almas se conectaron durante una intensa conversación, esa fría noche de Junio. O nuestro primer beso, descoordinado, estúpido y borracho. O despertar en mi cama a su lado, luego de la segunda noche que pasamos juntos, viendo sus ojos azules mirando a los míos, pensando en lo afortunado que era en ese momento. O la primera vez que me dijo “te amo.” O la primera vez que yo se lo dije luego de una extenuante sesión de sexo, nuestros cuerpos tibios y húmedos, abrazando con fuerza el uno al otro sin querer dejar ir. O simplemente oír su sonrisa tras alguna estupidez de las que yo solía decir. O verla... sólo verla.
Mis recuerdos de esta corta e intensa relación son muy bellos. Si pudiera, volvería a vivir cada uno de ellos cientos, miles de veces. Pero cuando imagino esa situación fantástica en que de verdad pudiera viajar al pasado y verla de nuevo, siempre llego a la misma conclusión: la cagaría. Le diría “te amo” en el primer instante, o sólo sería capaz de abrazarla y llorar en su hombro, balbuceando incoherencias. O si pudiera regresar y conocerla antes, en sus primeros días en Chile, es muy probable que ella ni siquiera me hubiera considerado atractivo e interesante y no hubiera pasado del primer “hola.”
Cada vez que pienso en nuestra historia (y esto es algo que hago muy seguido últimamente), todo se ve tan perfectamente sincronizado que no tiene ningún espacio que se pueda modificar sin cambiarlo todo irremediablemente. Todo es tan perfecto que, si pudiera retroceder el tiempo, no cambiaría nada. Regresaría ahí sólo para vivir cada segundo de lo nuestro, de ella, una vez más.
Dejaré todos estos ejercicios mentales a los guionistas, directores y protagonistas de las películas. El pasado no se puede cambiar, somos nosotros los que cambiamos por éste. Ella cambió y yo también cambié. Mucho. Agradezco a Dios la oportunidad que me dio de conocerla, a ella por permitirme amarla y a mí mismo por haberlo hecho tan intensamente. Así como amé, sufrí. Pero he visto y experimentado las dos caras de la moneda, lo bueno y lo malo. Sé que puedo y quiero volver a amar. A ella, si es que por algún milagro vuelve a mí, o a otra que conozca en el camino. Porque mi destino, mi historia, mi vida, todo tiene sentido. Corazón y pie rotos incluidos.
domingo, 29 de diciembre de 2013
Reflexiones matrimoniales.
Hace algún tiempo decidí qué es lo que quiero hacer de mi vida. Quiero ser un guía espiritual, pero no de esos inalcanzables, como el Dalai Lama, sino mucho más cercano y real. Soy imperfecto y eso, más que un defecto, es una virtud. La imperfección nos hace humanos y nos permite estar a todos en el mismo nivel. Aunque, por otro lado, el camino de Iluminación que debo tomar para llegar a convertirme en lo que quiero no está ausente de caídas y contratiempos. Es en esos momentos en que un poquito de perfección me vendría bien. Por suerte, mi vida está siempre llena de sorpresas y hechos que me permiten ver más allá, como lo que pasó ayer.
Este Sábado fui al matrimonio de la hermana de uno de mis mejores amigos. Él, con la mejor voluntad del mundo, me llevó en mi silla de ruedas hasta la iglesia. Fue divertido. Ya en aquel lugar, algunas conversaciones mediante, tuve mi primera reflexión. Me dí cuenta (aunque en realidad es bastante obvio) que, por más tiempo y cosas que han pasado desde el fin de mi relación con la vikinga, ella sigue en mi mente. Cada vez que conozco a una nueva persona, cada vez que estoy con alguien nuevo, ella aparece en mi cabeza. Siempre me preocupó esto, me sentía como un loco obsesionado con ella. Recién ayer pude darme cuenta de que, afortunadamente, no era eso.
Cuando ella terminó conmigo, intercambiamos algunos emails antes de dejar de comunicarnos. En uno de ellos le pedí que por favor nunca se conformara “con menos que esto.” Quería pensar que si ella había decidido cambiarme por alguien más, al menos quería que ese personaje fuera mucho mejor que yo, para que valiera la pena mi sufrimiento. Pero, por otro lado, esto también se aplica a mí. La vikinga cambió mi mundo. Hay un antes y un después de ella en mi vida. Por supuesto que luego de conocerla no puedo buscar ni conformarme con alguien “inferior”. La amé. A ella y a cada parte que logré sentir de su universo. Ella se convirtió desde ese momento en la vara con la que mido y mediré a todas las mujeres que vengan en el futuro. No es una obsesión, es sólo ser objetivo. Si pude tenerla a ella en mi vida, ¿por qué no podría estar con alguien así o mejor aún? Debemos buscar siempre ser la mejor versión de nosotros mismos, y acompañarnos también de las mejores personas que logremos conocer en el camino. Es lo que hasta ahora había hecho de forma inconsciente. Nunca más. Ya sé lo que quiero. Nada menos que lo mejor, nadie menos que ella.
Pero la velada no terminó ahí. Luego del matrimonio vino una lujosa comida en la que el novio, orgulloso, nos mostró un video. Era la historia de amor de él con su ahora esposa. Me emocionó mucho, casi hasta el punto de llorar. La música, las imágenes, las palabras... todo fue muy hermoso. “Yo quiero eso” pensé. Y fue en ese instante en que me dí cuenta de algo más. Mientras se sucedían las fotografías de la vida de cada uno de los novios, por separado antes de conocerse, vino a mí. El amor es un milagro.
“¿Chilena?” Para que yo me acercara y le hiciera esta simple pregunta pasaron 25 años. Nació en Noruega, estudió Retórica y viajó por Europa, Asia y América. Se enamoró, sufrió, rió, se cayó y puso de pie. Trabajó en distintos lugares del mundo, conoció a mucha gente, se hizo de varios amigos. Aprendió español y decidió, tras algunos años de dudas, finalmente retomar su sueño de adolescencia y estudiar Periodismo. Parte de su Magister internacional debía cursarlo en Chile. Un semestre para ser exacto. Cruzó la mitad del mundo para llegar hasta Santiago. Vivió por casi seis meses ahí hasta que una fría noche de Mayo, en una fiesta de intercambio de idiomas, un chileno se acercó a ella para preguntarle si ella era una compatriota. “No, soy de Noruega” le respondió. Él, sin saberlo, había esperado 30 años para oír esa respuesta. Yo había vivido 30 años sólo para ese momento.
El amor es mágico. No responde a la lógica, ya que si fuera posible racionalizarlo no sería amor. Cada decisión, cada camino que tomas, incluso la más mínima palabra que dices o hasta el suspiro más silencioso que das. Todo lo que haces y pasa en tu vida te prepara para ese momento. No lo sabes hasta que lo vives. Pero, por lo mismo, puede que no te des cuenta que lo tienes hasta que ya es demasiado tarde. Afortunadamente existen personas que sí lo saben, o al menos quieren creer con todo su corazón que es así, y hacen algo al respecto. Ayer estuve ahí y lo vi. No, lo sentí. Anoche vi a dos personas que se aman y sentí parte de ese amor en mí.
Mi vida ha probado ser un milagro. Cosas maravillosas han pasado en ella, y de cada cosa mala que pasa, de cada tropiezo, de cada llanto, nace algo mejor. Sobreviví al desierto por amor. Por mi familia, mis amigos. Por mí mismo. Pensé que por fin la había olvidado, pero me es imposible. Pero aunque esto antes parecía malo, ya no lo es más. No sé si alguna vez la vuelva a ver, ni tengo claro si en su corazón yo estoy presente tal como ella lo está en el mío. No sé si en este momento eso importe ya. Más importante que todo eso es que gracias a ella dejé de pensar y comencé a sentir. Dejé de vivir mi vida a través del filtro de la razón y descubrí que amar y ser amado no me es imposible como creía antes. Ahora sólo espero no tener que esperar otros 30 años para volver a decir “te amo.”
martes, 10 de diciembre de 2013
Yo morí en San Pedro.
Sentado en mi cama, de regreso en Santiago, contemplo como mi vida anterior termina de caerse a pedazos. San Pedro de Atacama cambió mi existencia para siempre.
A todo el mundo le conté acerca del viaje que iba a emprender. Cuando me preguntaban cuál era mi motivación, yo les respondía: “voy a morir al desierto.” Me gustaba el impacto que creaba en la gente, luego del cual les explicaba que era una muerte más poética, espiritual. Esa era mi idea.
Los últimos meses habían sido muy difíciles. El alejamiento de la mujer que amaba sólo intensificó el vacío y la falta de sentido que me había seguido desde el comienzo del año, al quedar en la ruina luego de mis locos primeros meses de soltería. El fantasma de la bella noruega que por un tiempo hizo que mi camino cobrara cierto sentido comenzó a molestarme demasiado. Necesitaba olvidarla y de paso encontrarme a mí mismo para poder proyectarme en el futuro.
Seguí una especie de “llamado” que me condujo hasta el norte de Chile, a San Pedro. Aquel pueblo en el medio del desierto de Atacama parecía el lugar perfecto para desconectarme de la angustia de Santiago, de mi vida diaria. Como por arte de magia, todas las condiciones se dieron de forma perfecta para que yo acabara ahí aquel día Viernes 6 de Diciembre.
Mi primer día en San Pedro de fue de lo mejor. Estaba aburrido, mi hostal estaba desierta, nadie con quién hablar. Sí, yo buscaba tranquilidad, soledad; pero me estaba matando. De todas maneras, aquella noche lo decidí: “ella no me ama, no perderé más mi tiempo sufriendo por ella.” No más noruega, no más dolor en mi corazón.
Dormí muy mal, pero dormí. No había logrado hacerlo en las últimas 35 horas. En la mañana siguiente, alrededor de las 11 AM, pensé que sería una buena idea dar una vuelta por el pueblo y sus alrededores, antes de que el calor del desierto se intensificara al avanzar las horas.
Caminé por la avenida principal, Caracoles, hasta que las casas y la gente dieron paso a lo que en realidad estaba buscando: el desierto. Seguí caminando en línea recta, crucé la carretera y continué por entre medio de la tierra, las plantas secas y las piedras multicolores que adornaban el piso seco bajo el sol de mediodía. De pronto, lo vi. Un cerro pequeño color café claro se erguía majestuoso tras unas dunas más oscuras. Tenía que ir hacia allá.
Ya de cerca, las dunas de arena oscura y piedras no eran tan pequeñas como se veían desde lejos. Aún así, las logré cruzar sin mucho esfuerzo. Una vez abajo, me encontré de frente con aquel cerro. Si las dunas eran altas, este cerro era un monstruo. Al menos 400 metros sobre mí estaba la cumbre más alta, y la sola imagen de esta bestia de tierra era intimidante. Pensé en simplemente dar la vuelta y regresar, pero un impulso me llevó a al menos intentar subir un poco. “Ya estoy aquí”, pensé. Atravesé el terreno arenoso que me separaba del pie del cerro y comencé el ascenso.
Al igual que mientras cruzaba el desierto, grabé algunos minutos de video con mi teléfono móvil, para documentar mi proeza. Ya casi en la cima, me sorprendí de que, pese a lo cansado que estaba, aún tenía las energías suficientes como para seguir subiendo. Y lo hice. A los pocos minutos estaba a varios metros del piso, en el punto más alto del cerro que desde abajo se veía tan monstruoso. Me sentí genial. Vi cómo el haber realizado este acto que parecía imposible en un principio reforzaba inmediatamente mi autoestima, mi ego. Por fin San Pedro comenzaba a rendir los frutos que esperaba.
Grabé otro video, tratando de sonar profundo y reflexivo en mis palabras. Apilé unas rocas con la forma de la inicial de mi nombre, “E”, para dejar mi huella ahí. Pensé en quedarme unos minutos en ese lugar, contemplando el pueblo y el desierto desde la altura, pero el calor me empezó a molestar. Emprendí mi descenso.
La pendiente cerro abajo no era muy inclinada en los primeros metros de mi bajada. De hecho, era gracioso cómo la tierra se hundía si pisaba muy fuerte. El cerro parecía firme, pero estaba hecho de arena, barro seco y cristales de sal. Saltar desde alturas que en un terreno más duro sería doloroso, en este caso era fácil. Lo blando del piso amortiguaba bien las caídas.
A medio camino hacia abajo, la pendiente del cerro comenzó a hacerse cada vez más inclinada. En algunos puntos bajaba sólo para encontrarme con un barranco al que me acercaba sigiloso para ver la muerte segura que me acechaba si caía en él. Aún así, conseguía encontrar otra ruta que me permitía seguir bajando sin contratiempos. Lamentablemente, no por mucho.
Adonde mirara, sólo veía abismos. Había llegado a un punto de no retorno en el que se me acabaron las posibilidades de bajar de forma segura. Me armé de valor y comencé a bajar esta pared de tierra con cristales de sal sobresaliendo, brillando con la luz del sol. Logré así llegar bien hasta más de la mitad de la altura que me separaba del suelo. Entonces ocurrió.
Como los peores desastres de la historia, todo pasó en cuestión de segundos. Las protuberancias de tierra en las que apoyé mis pies no soportaron mi peso y los cristales de los que me afirmé tampoco. Comencé a deslizarme cerro abajo a gran velocidad, cubierto por una nube de arena que se colaba en mis oídos y ojos. El ruido de piedras y tierra cayendo sobre mí y a mi alrededor era ensordecedor. ¿Han oído que cuando uno está a punto de morir ve su vida pasar frente a sus ojos como una película? Yo no quise verla. Me aferré a la vida más fuerte de lo que traté de agarrarme a ese cerro que se desmoronaba sobre y bajo mío.
Mis piernas hicieron el trabajo más duro. Con mis manos me aseguré de no darme vuelta y rodar cerro abajo, mientras frenaba con los pies. Fue ahí cuando lo sentí. Mi pie izquierdo chocó con algo duro. Siguió un gran dolor que luego no sentí más. Cuando finalmente me detuve, a unos 20 metros desde donde comencé a caer, me senté, gimiendo de miedo y dolor, tosiendo el polvo que seguía cayendo sobre mí. Estaba vivo aún.
Miré dónde había caído. Todavía quedaban unos 100 metros para seguir bajando, pero con una pendiente menos inclinada. Estaba vivo, sí, ¿pero por cuánto tiempo más? Hurgué en mi bolsillo y revisé si mi teléfono celular aún funcionaba. Estaba intacto. Instintivamente lo puse en modo cámara y comencé a grabar. Sólo habían transcurrido unos pocos segundos de mi accidente, pero el panorama era desolador. Solo, con mi pie izquierdo roto, debía llegar abajo del cerro usando solamente un pie y tratar de alcanzar la carretera para conseguir ayuda, ya que estaba en una zona no turística. Grabar un video era la opción lógica. “No me arrepiento de nada... los quiero mucho” le dije a la cámara. Era mi despedida.
La carretera se veía a unos 2 kilómetros de distancia, y desde mi posición podía observar un camino que atravesaba las altas dunas que había cruzado para llegar al cerro. “Este desierto culeado no me la va a ganar” exclamé. Con mi pie derecho adelante y apoyando mi trasero en el piso comencé a bajar. Tenía que salir de ese maldito cerro. No me importaba cómo mis manos y mis nalgas se raspaban y cortaban con los cristales de sal o se quemaban con la tierra ardiente por el sol. Sonreí y traté de calmarme pensando en la gran anécdota que esta experiencia sería. Me imaginé a mi familia, a mis amigos... recordé a esa chica con la que quería tomar un café... quería mi vida de vuelta. No podía morir ahí, ni así.
Gritando de dolor y frustración llegué abajo. Lloraba de rabia y mis gemidos hacían eco entre el cerro y las dunas. Estaba completamente solo, no tenía idea dónde. El camino que creí divisar desde lo alto ya no se veía, todo era tierra y piedras. Me puse de pie, pero inmediatamente caí. El dolor de mi tobillo izquierdo era mucho. Me puse de pie nuevamente, esta vez sólo apoyando mi pie derecho, y así, saltando, logré avanzar tres tramos de unos 100 metros cada uno. Al final quedé exhausto. El calor y la altura me estaban desgastando rápidamente. Me senté en el piso caliente. Saqué el teléfono de mi bolsillo y llamé a la ambulancia. Contestaron. Les expliqué mi situación. “Espera, te llamaremos de vuelta.” A los pocos minutos, la voz de una joven al otro lado de la línea me calmó. “Hola, Eduardo. Te llamo de Bomberos. Vamos en camino.”
Transcurrieron unos 15 minutos hasta que oí las sirenas del camión de bomberos por primera vez. Por fin la ayuda venía por mí. Pero pronto el sonido desapareció, tras el cerro. La chica me llamó de nuevo y le dije que el camión pasó de largo. Ella me pidió más instrucciones y volví a esperar. Este proceso se repitió varias veces.
Tras una hora y media del accidente, el sol comenzó a afectarme. Perdí más de la mitad del agua de la botella que llevaba conmigo al caer. El impacto la aplastó y vertió casi todo el líquido en la arena. No había sombra por ninguna parte y ya eran casi las 3 de la tarde, la hora de más calor en Atacama. “Creo que me voy a desmayar” le dije a la operadora cuando me volvió a llamar. Sentía cómo lentamente mi cabeza se sentía más ligera y mis ojos más pesados. “No te preocupes, yo voy a estar contigo. No dejes de hablarme” dijo ella. Seguí dándole instrucciones por media hora más, hasta que oí que alguien gritaba mi nombre tras las dunas oscuras. “¡Acá!” grité. Estaban cerca.
Transcurridas dos horas bajo el intenso sol del desierto, casi como un espejismo, divisé una silueta humana asomándose al tope de la duna más lejana a mí. Comencé a agitar la delgada chaqueta de tela que llevaba conmigo en el aire y a gritarles para que me vieran. “Ya me encontraron” le dije a la chica al otro lado del teléfono; “muchas gracias por todo.”
Dos hombres y una mujer llegaron a mí, con una camilla de plástico amarillo fosforescente en la que me ataron e inmovilizaron, para luego llevarme a la ambulancia. Reí. Estaba a salvo. Tan tranquilo estaba que ni siquiera me molestó la larga y gruesa aguja que enterraron en mi brazo para ponerme suero y llevarme a la pequeña clínica del pueblo. Ya todo estaría bien...
Tras casi dos días de travesía desde mi tragedia, me encontré con mi pie enyesado, volando desde Calama de regreso a Santiago. Tenía una fractura horrible que me impediría caminar por un tiempo, pero el dolor era soportable. La angustia por la gran cantidad de dinero que había gastado dolía más. Una de las azafatas del avión se acercó a mí con una bandeja con bocadillos. Saqué el plástico protector y tomé el chocolate que había entre las demás cosas. Le dí una mordida y cerré los ojos para saborearlo. Comencé a llorar. Estaba delicioso y yo estaba vivo para probarlo. Estaba vivo.
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lunes, 2 de diciembre de 2013
Sex/Life Special 02 – The Cupid paradox
Yesterday I had a revelation: I am some sort of Cupid. I've been matchmaking all over this year, giving love advices to anyone who asks (or not) and, basically, being involved in lots of other people's relationships involuntarily. Let's check this top 3 list:
1. E + E: this is the first one and most important I can recall. I met this American girl E at a friends birthday. We got along and started “dating” as friends. At the same time, we met this dude E and some other people with whom we hung around and became friends. E and E had some chemistry, but this E guy was too respectful to do anything about it, because he knew I was after her. Then, when I finally decided to make my move, stuff didn't work as expected. She, E, said she only liked me as a friend. I got immediately heartbroken, but moved on pretty quick. A couple of days after that I dated a Norwegian girl (a.k.a. “the vikinga”) and, well, the rest is old history... But what happened to E and E? After my vikinga deal, E changed her mind, but it was too late. I broke her heart twice and guess who was there to help her forget me: E! They started dating, became boyfriend and girlfriend after a few weeks and continued their relationship after she went to Spain. They are still in a long distance relationship. E has gone to see her to Europe and they are very much in love. As I like to say when I tell the story “E had to meet the wrong guy to meet the right one.” Yeah, the wrong guy is me.
2. L + M: my cousin L is like my older sister, and I'm like her only brother, given the fact my uncle and aunt decided not to have any more children after her. We always tell everything to each other, and we are very likely to always end up discussing our love life. That's how I got to advice her about this on and off “just sex thing” she was having with M. She liked him a lot, but was too proud to “fall for him”. Well, she was right about that: the guy was a player. But love was all around, and slowly and steady the feeling grew on both of them. L freaked out and ended up things, but she wasn't feeling sure about her decision. This situation was too similar to what happened to me and the vikinga, so I had to step in. “You like him and he obviously likes you too, stop fucking around and do something about it” I told L. A couple of months after that, they are already engaged to be married starting 2014. M is really grateful, as well as is L.
3. M + E: this one is the latter yet the one that made me realize my role as Cupid in this world. I met M at the Hash, my running group, and I found her to be “very interesting” (if you know what I mean). I invited her once to the language exchange thing I used to go to, Spanglish, and a few days later to a club. I went to this club with two friends of E guy, one of whom I named Jesus Christ (for his resemblance to the son of the Lord). I tried my best to hit on M, even taking the whole pack back to my apartment to keep drinking and partying. The result? M and E (Jesus) making out in my kitchen while I was singing sad karaoke songs with the other guy. They went to this whole problem to commit thing, mostly because M is American and she was going back home soon. I advised her a couple of times; I was seeing the whole “vikinga dilemma” here too and felt obligated to intercede, specially because M made me her Chilean BFF. Luckily she took my advice and followed her heart. I met these two lovebirds at Thanksgiving dinner and they looked very happy. I talked to M before leaving and she was so in love I could feel the love too when she told me her plan of staying here in Chile with E and then eventually moving back to the US with him. This made me feel so good I still smile when I remember M's face.
As for me, I've failed completely to have a decent love life. With the vikinga we had a sex thing that quickly escalated when we fell in love with each other, but all that ended not long after she left Chile for good. Before that, stuff wasn't working in the heart department, and after... well... describing it as a train wreck would be too kind.
There's a saying in Spanish, “en casa de herrero, cuchillo de palo”, which would relate to the English saying “the shoemaker's son always goes barefoot.” It's true. The sooner I accept my fate as a matchmaker rather than a lover, the better. It's the Cupid paradox: I am here to help others to love, to be just a step or a facilitator in God's romantic masterplan. I feel like in a Jennifer Lopez lame romantic flick from the mid 2000's.
I censured the names of the persons involved in this story. Don't wanna be sued or ass-kicked.
domingo, 1 de diciembre de 2013
Tarot
Sabía que estos que mi vida cambiaría. “En esta semana se decide todo” le dije a más de una persona, convencido de que es lo que ocurriría. ¿Por qué estaba tan seguro? Porque hoy es su cumpleaños. Ella, la vikinga, cumple 26 años este 1 de Diciembre. Hoy es el momento culmine, mi última instancia de acercarme a ella, de comunicarme. Quizás por eso me esmeré tanto en el email que le envié o en el video que grabé para desearle un feliz cumpleaños...
Mi madre es una mística. Al verme perdido, confundido y lleno de dudas, decidió poner en práctica su don para ayudarme. La llegada del cumpleaños de la vikinga no era lo único que me tenía preocupado y a la vez sintiendo angustia. Era todo. Encontré qué es lo que quiero hacer de mi vida, mi camino, pero no tenía idea de cómo llegar allá. Esto, sumado a mi complicada vida sentimental, ponía las cosas bastante de cabeza. “Voy a leerte el tarot” me dijo mi mamá. Este viernes las cartas, literalmente, estaban tiradas.
Mi futuro cercano está lleno de decisiones importantes que tomar. La mayoría son opciones que aún no se me presentan, pero que le darán un giro a mi vida. Todo comenzó desde el momento que me senté frente a esas cartas con extrañas ilustraciones que a la vez tenían un significado tan fuerte. O quizás ya había comenzado algunas horas antes, cuando decidí seguir aquella visión que me decía que debía ir a San Pedro de Atacama.
El próximo vienes estaré en medio del desierto. Parece un plagio a “El Alquimista” de Paulo Coelho, pero es algo que vi y que debo hacer. Esta ciudad me está asfixiando. Desde que volví de Buenos Aires y perdí el amor de la mujer que más intensamente he amado, mi mundo se desmoronó. El lado positivo es que la pérdida me motivó a buscar desesperadamente llenar el vacío de mi existencia. De la destrucción de mi mundo surgió un nuevo universo, el cual quiero purificar bajo el sol del Atacama, en la arena, la nada.
Creo que la lectura del tarot me marcó. Dio una luz entre tanta niebla y reveló interesantes posibilidades para mi futuro existencial y sentimental, además de una serie de situaciones que ocurren en el presente, a mi alrededor, que nunca imaginé. No puedo adelantar los eventos que están por venir, pero estoy mucho más preparado para reaccionar ante éstos y tomar las decisiones correctas. Al parecer tenía razón desde el comienzo. Esta semana mi vida sí cambió.
viernes, 22 de noviembre de 2013
Viernes triste
Estaba bien, o eso creía. Ya han pasado casi 3 meses desde que mi última relación terminó y el fantasma de la pena ha vuelto a acosarme. No sé porqué exactamente, pero las últimas dos semanas no han sido buenas. Un dolor intermitente me ataca en el corazón, carcomiendo mi alma.
He pensado bastante en ella. La música, los lugares, la gente, es como que todos confabularan para traerla de vuelta a mi mente. Es como si tuviéramos una deuda pendiente que el destino se está encargando de recordar. No sé. He tratado de sacar lo mejor de todo esto. Meditar. Reflexionar. ¿Cuál fue su misión en mi vida? ¿Por qué vino y se fue? ¿Para qué? He sacado algunas conclusiones, pero creo que no es el momento todavía de sacarlas a a luz. No aún.
Los gringos tienen el concepto “soul mate”, que se traduciría como “compañero de alma.” Me encanta. Los latinos somos mucho más románticos y sólo usamos “mi alma gemela”, como si no hubiera otra persona más para nosotros en el mundo. Ella ya no está acá y probablemente nunca vuelva a verla. Sería terrible que de verdad ella haya sido LA mujer de mi vida. Significaría vivir por el resto de mis días en el vacío que siento ahora. Porque, pese a que ella ya no está, aún siento esa agradable sensación en el pecho de vez en cuándo, esa “conexión” que tenía cuando a veces hablábamos o simplemente nos quedábamos mirándonos fijamente a los ojos, mudos.
Sé que debo aceptar mi pérdida y dejarla ir. Tener fe de que alguna vez tendré esa conexión con alguien más, y que ésta vez será por más tiempo. Por mientras sólo me queda sentir intensamente esta tristeza que invade mi ser, esperando que en algún momento este sentimiento pierda fuerza y se agote. Esperando que el próximo Viernes no sea triste. No de nuevo.
jueves, 29 de agosto de 2013
Vikinga - Episodio 2 - Final
Tengo mucho pena, frustración y algo de rabia. Esta madrugada, la vikinga, L, “terminó” conmigo. ¿Por qué entre comillas? Porque en realidad nunca comenzamos nada. Tuvimos un apasionado mes en Santiago, y nos amamos fervorosamente durante una semana en Buenos Aires, pero al despedirnos quedamos de acuerdo en no tener una relación de larga distancia, aunque a la vez proyectando una vida juntos en un futuro cercano y manteniéndonos fieles mutuamente, sin nunca perder el contacto. Una “no relación a distancia” muy particular.
Mantuvimos exactamente un mes este “no romance” desde la lejanía. El 25 de Julio fue la última vez que nos besamos y abrazamos, cuando ella tomó su vuelo de regreso a Noruega. Este 25 de Agosto, a eso de las 3 AM (creo que en Vietnam eran las 2 PM), L puso punto final a nuestro asunto. Las razones son innecesarias detallarlas, pero claramente la cosa no funcionaba para ninguno de los dos.
Tengo una extraña mezcla de sentimientos en mi interior. La amo demasiado y la odio un poco. Estoy feliz de haber estado con ella, sin importar si fue un muy corto período de tiempo; pero detesto al destino que nos unió por un instante tan breve para luego separarnos por siempre. Tengo la esperanza de que mi vida no puede empeorar y que de aquí en adelante todo debería mejorar, mientras que una angustia desgraciada contamina mis pensamientos.
Y ahora, ¿qué? ¿El tiempo dirá? ¿Todo pasa por una razón? Mierda, si tuviera esas respuestas estaría muy feliz como para necesitar escribir esto.
Los nombres fueron censurados para proteger a las "víctimas".
Mantuvimos exactamente un mes este “no romance” desde la lejanía. El 25 de Julio fue la última vez que nos besamos y abrazamos, cuando ella tomó su vuelo de regreso a Noruega. Este 25 de Agosto, a eso de las 3 AM (creo que en Vietnam eran las 2 PM), L puso punto final a nuestro asunto. Las razones son innecesarias detallarlas, pero claramente la cosa no funcionaba para ninguno de los dos.
Tengo una extraña mezcla de sentimientos en mi interior. La amo demasiado y la odio un poco. Estoy feliz de haber estado con ella, sin importar si fue un muy corto período de tiempo; pero detesto al destino que nos unió por un instante tan breve para luego separarnos por siempre. Tengo la esperanza de que mi vida no puede empeorar y que de aquí en adelante todo debería mejorar, mientras que una angustia desgraciada contamina mis pensamientos.
Y ahora, ¿qué? ¿El tiempo dirá? ¿Todo pasa por una razón? Mierda, si tuviera esas respuestas estaría muy feliz como para necesitar escribir esto.
Los nombres fueron censurados para proteger a las "víctimas".
lunes, 12 de agosto de 2013
Vikinga - Episodio 1 - Encuentro
No he sido completamente claro u honesto con respecto a esta historia. En un principio por ignorancia, luego miedo y al final, frustración. Es que aún ahora, mirando los hechos desde una cierta distancia, no puedo explicar todo lo que sucedió sin cierto aire de misticismo. No sé si todas las historias de amor son así o si sólo es la mía. Me gustaría pensar que la primera opción es la correcta. Es bonito creer que el amor es mágico.
Llevaba más de cuatro meses de abstinencia absoluta, luego de haber tenido una muy buena racha durante los dos últimos meses de 2012 y comienzos de este año. Pero todo eso se acabó con la crisis económica y vital que sufrí luego de cumplir los 30 y, claro, tras un incesante período de fiestas y viajes por Latinoamérica. En pocas palabras, estaba desesperado, y se notaba.
Después de intentar infructuosamente de conquistar a una irlandesa que conocí en reuniones de emprendedores, noté que había una opción entre las “gringas”. Comencé a asistir a otro tipo de reuniones para probar esta opción, por supuesto que en un ambiente más distendido. Así terminé conociendo a J, una gringa muy simpática por la cual no me sentí particularmente atraído (el hecho de que anduviera con su marido al lado pudo haber tenido algo que ver). Sin saberlo en ese entonces, esta chica sería el fósforo que encendería la mecha de esta dinamita llamada “destino”.
J celebró una fiesta de Half-Birthday, es decir, “Medio Cumpleaños” (sí, una celebración a 6 meses de su verdadero cumpleaños). Cuando recibí su invitación pensé que era un error, sólo la había visto una vez. Pero no fue un error, ella confirmó que estaba invitado al evento, y ahí estuve. Fue entonces que conocí a E, una delgada y bonita chica judía de los Estados Unidos; que pese a mi desafortunado comentario sobre su nariz (la que me dio la pista de su religión) no sólo me agregó a Facebook, si no que además aceptó ir por una cerveza conmigo a mi bar favorito del Barrio Lastarria, en Santiago de Chile.
Pese a lo bien que había resultado la fiesta, en términos de lo que estaba consiguiendo tras el medio-cumpleaños, lo que originalmente me llevó ahí fue el dato que J me podía dar sobre un grupo de inglés que era gratuito y más abocado a las fiestas. Y también lo conseguí. El martes, a dos días del evento, estuve en mi primera reunión de Spanglish. Mi objetivo era claro: conquistar a E. Pero mi suerte era muy esquiva, o eso pensé cuando la vi llegar con una amiga, evitándome casi por completo. Al menos tuve el consuelo de que la organizadora de la fiesta me puso a hablar con otra gringa, de Australia. La suerte parecía cambiar.
Al rato de estar en esta actividad de Spanglish me sentí completamente frustrado. La australiana con la que estaba hablando, con la que pensé tendría alguna posibilidad, pronto fue escoltada por su novio francés. En el otro extremo de bar en el que se realizaba la actividad, E se veía muy feliz hablando con otro tipo. Y yo, ahí, acompañado por esta pareja de extranjeros, pero solo. No importaba. Me bastaba aparentar interés en lo que me hablaban mientras miraba alrededor, tratando de ver alguna presa.
De la nada, una voz femenina con acento chileno me sacó de mi observación. Una chica rubia, de melena corta, estatura media y grandes gafas le hablaba en perfecto español a la pareja de tortolitos. “¿Chilena?” le pregunté, sorprendido por su apariencia extranjera. Ella rió. “No, soy de Noruega” respondió con una amplia sonrisa. Inmediatamente captó mi atención. La búsqueda se había acabado.
Los nombres fueron censurados para proteger a las "víctimas".
Llevaba más de cuatro meses de abstinencia absoluta, luego de haber tenido una muy buena racha durante los dos últimos meses de 2012 y comienzos de este año. Pero todo eso se acabó con la crisis económica y vital que sufrí luego de cumplir los 30 y, claro, tras un incesante período de fiestas y viajes por Latinoamérica. En pocas palabras, estaba desesperado, y se notaba.
Después de intentar infructuosamente de conquistar a una irlandesa que conocí en reuniones de emprendedores, noté que había una opción entre las “gringas”. Comencé a asistir a otro tipo de reuniones para probar esta opción, por supuesto que en un ambiente más distendido. Así terminé conociendo a J, una gringa muy simpática por la cual no me sentí particularmente atraído (el hecho de que anduviera con su marido al lado pudo haber tenido algo que ver). Sin saberlo en ese entonces, esta chica sería el fósforo que encendería la mecha de esta dinamita llamada “destino”.
J celebró una fiesta de Half-Birthday, es decir, “Medio Cumpleaños” (sí, una celebración a 6 meses de su verdadero cumpleaños). Cuando recibí su invitación pensé que era un error, sólo la había visto una vez. Pero no fue un error, ella confirmó que estaba invitado al evento, y ahí estuve. Fue entonces que conocí a E, una delgada y bonita chica judía de los Estados Unidos; que pese a mi desafortunado comentario sobre su nariz (la que me dio la pista de su religión) no sólo me agregó a Facebook, si no que además aceptó ir por una cerveza conmigo a mi bar favorito del Barrio Lastarria, en Santiago de Chile.
Pese a lo bien que había resultado la fiesta, en términos de lo que estaba consiguiendo tras el medio-cumpleaños, lo que originalmente me llevó ahí fue el dato que J me podía dar sobre un grupo de inglés que era gratuito y más abocado a las fiestas. Y también lo conseguí. El martes, a dos días del evento, estuve en mi primera reunión de Spanglish. Mi objetivo era claro: conquistar a E. Pero mi suerte era muy esquiva, o eso pensé cuando la vi llegar con una amiga, evitándome casi por completo. Al menos tuve el consuelo de que la organizadora de la fiesta me puso a hablar con otra gringa, de Australia. La suerte parecía cambiar.
Al rato de estar en esta actividad de Spanglish me sentí completamente frustrado. La australiana con la que estaba hablando, con la que pensé tendría alguna posibilidad, pronto fue escoltada por su novio francés. En el otro extremo de bar en el que se realizaba la actividad, E se veía muy feliz hablando con otro tipo. Y yo, ahí, acompañado por esta pareja de extranjeros, pero solo. No importaba. Me bastaba aparentar interés en lo que me hablaban mientras miraba alrededor, tratando de ver alguna presa.
De la nada, una voz femenina con acento chileno me sacó de mi observación. Una chica rubia, de melena corta, estatura media y grandes gafas le hablaba en perfecto español a la pareja de tortolitos. “¿Chilena?” le pregunté, sorprendido por su apariencia extranjera. Ella rió. “No, soy de Noruega” respondió con una amplia sonrisa. Inmediatamente captó mi atención. La búsqueda se había acabado.
Los nombres fueron censurados para proteger a las "víctimas".
Vikinga - Episodio 0
Para el ojo poco entrenado se podrá decir que estoy pegado con esta historia, pero algo es algo. Mientras estoy en este limbo no tiene mucho caso escribir Soltería 101 y no quiero perder la práctica.
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