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viernes, 30 de mayo de 2014

Pasado

Hablar del pasado no es un problema, desde el punto de vista racional. Pero cuando se tocan temas delicados, como, por ejemplo, la vida sexual de tu actual compañero o algún trauma infantil; la racionalidad no se puede usar como parámetro válido para analizar las consecuencias de una conversación de este tipo. Si bien el tema del que se hace referencia ha transcurrido en un tiempo pasado, el hablar sobre éste lo hace presente, lo que despierta en la otra persona sentimientos reales en el aquí y el ahora. Esta reacción natural y básica humana ya no corresponde al terreno de la razón, si no que puramente al ámbito emocional.

En resumen: Usted no sea imbécil y deje el pasado donde tiene que estar, es decir, en el pasado. Así va a vivir un presente mucho mejor. Garantizado.

miércoles, 29 de enero de 2014

Milagros numéricos



Cuando por primera vez comencé a ver números repetidos, quedé impactado. Todo tenía sentido, tanto que me motivó a investigar más sobre el tema e incluso escribir una columna al respecto (la puedes leer aquí). La vikinga, los acontecimientos de mi vida, mi accidente... todo parecía predicho. Los números me “hablaban”, como si Dios los usara para comunicarse conmigo. Por supuesto esta teoría suena loca, y cada vez que hablo del tema siento que la gente me mira como a un lunático. Pero acá quiero comentarles un ejemplo de cómo, al menos en mi vida, los números han tenido una certeza que da miedo.

Fui al Norte a principios de Diciembre del año pasado, a exorcizar mis demonios internos al desierto de Atacama, específicamente en el pueblo de San Pedro. Fue en ese viaje, antes de llegar a este lugar, que vi varias veces el número 8 repetido en distintos lugares.

88, 888 u 8888 - Una fase de tu vida está a punto de terminar, y esta es una señal para darte tiempo de prepararte con antelación. Esta secuencia numérica puede significar que estás concluyendo una fase emocional, profesional o una relación. También significa que hay luz al final del túnel. Adicionalmente significa La cosecha está madura. No esperes para recogerla y disfrutarla. En otras palabras, no retardes tus acciones o el disfrute de tu trabajo.

Sí, mi vida cambió drásticamente. Escalando un cerro, completamente solo y en el medio del desierto, sufrí un grave accidente que casi me costó la vida. El aferrarme con toda mi fuerza a mi existencia evitó que rodara cerro abajo y me desnucara en la caída. En cambio me arrastré varios metros, frenando con mis piernas mi descenso, lo que terminó con mi pie izquierdo destrozado por dentro. Un cambio de vida, claro que sí. No podría volver a caminar por meses.

El período que siguió a mi accidente fue una montaña rusa de emociones. Al principio estaba devastado. Sumado a mi invalidez temporal, me avasallaba el costo financiero de todo el tratamiento, sumado al hecho de que no tenía muchos proyectos en los que trabajar para ganar dinero. Además, proyectaba mi vida social y sexual completamente acabadas. Pero, de pronto, una oleada de positivismo me invadió, y, como por arte de magia, las cosas comenzaron a darse muy bien. Mi ánimo subió de inmediato. Todo esto incluso pese a haber tenido un fuerte intercambio de emails con mi “ex” noruega y otras situaciones complicadas emocionalmente.

Mi fe estaba alta y me sentía fuerte en mi interior. Además, patrones del número 1 y 2 se me mostraban constantemente, los que utilizaba como una pausa para rezar y pedirle a Dios por mi pronta recuperación. Es más, quise ser específico con lo que quería: pedí caminar o al menos poder mantenerme de pie para el 25 de Enero, el día de mi cumpleaños. Un pedido difícil, que mi doctor y mi kinesióloga no compartían ni creían.

11, 111 ó 1111 - Monitorea cuidadosamente tus pensamientos, y asegúrate de pensar solamente lo que deseas, no lo que no deseas. Esta secuencia es un signo de que hay un portal de oportunidad desplegándose, y tus pensamientos se están manifestando en lo físico a velocidades récord. El 111 es como la luz brillante de un foco. Significa que el universo ha tomado una instantánea de tus pensamientos y los está manifestando en lo físico. ¿Estás complacido con los pensamientos que el universo ha capturado? Si no, corrige tus pensamientos (pide que te ayuden tus ángeles con esto si tienes dificultades para controlar o monitorear tus pensamientos).

22, 222 ó 2222 - Nuestras recién sembradas ideas están comenzando a desarrollarse en la realidad. Continúa regándolas y nutriéndolas, y pronto ellas brotarán de la tierra para que puedas ver la evidencia de su manifestación. En otras palabras, no esperarás ni cinco minutos antes del milagro. Tu manifestación pronto va a ser evidente para ti, ¡Así que continúa realizando un buen trabajo! Continúa manteniendo pensamientos positivos, continúa afirmando y continúa visualizando. Este es un signo de confirmación de que estás en el camino correcto haciendo las cosas correctas y yendo en la dirección correcta.

Tras la celebración de mi cumpleaños, el 24, no quedaban razones para alegrarme. Fue entonces que comencé a sentirme pesimista. Por un lado, médicamente parecía imposible que pudiera recuperarme para esa fecha, y el que mi amante tuviera que viajar me dejó sintiéndome solo y triste. Llegué el 28 de Enero a la consulta con mi doctor sin expectativas. Con mis rayos X de esa tarde en la mano, me senté en la camilla. Había visto patrones del 4, 5 y 7 repetidos, pero no sabía qué significaban ni tenía fe de que pudiera ser algo bueno.

Cuando llegué de vuelta a mi departamento, caminando en mis dos pies y casi sin la ayuda de mis bastones, me sentí feliz. “¡¿Osea, usted me dice que desde hoy puedo empezar a caminar?!” pregunté, incrédulo una hora antes a mi médico. “Sí. La fractura curó bastante rápido” me respondió. “¿Es eso normal?” pregunté entonces. “No. Es mucho mejor que normal” dijo él. Claro, porque fue un milagro. Aquel milagro por el que tanto pedí finalmente había sido realizado. Lo confirmé al ver el significado de los números que me habían aparecido antes.

44, 444 ó 4444 - Los ángeles están rodeándote, reafirmándote su amor y ayuda. No te preocupes porque la ayuda de los ángeles está cerca. Esta señal de los ángeles también significa su desacuerdo con tus pensamientos y sentimientos y puede ser interpretada como un ¡No! Cósmico a las preguntas que has hecho o a las ideas que puedas tener.

55, 555 ó 5555 - Abróchense sus cinturones. Un cambio de vida mayor está cerca. Este cambio no debería ser visto como positivo o negativo, porque todo cambio es parte natural del flujo de la vida. Tal vez este cambio es una respuesta a tus oraciones, así que continúa viéndote y sintiéndote estando en paz. Cuando veas esta señal de cambio de vida de pensamiento o evento acaba de ocurrir. Puede gustarte o no. Cualquiera que sea el caso los ángeles te están notificando que un episodio en tu vida ha llegado a su fin y es tiempo de avanzar.

77, 777 ó 7777 - ¡Los ángeles te aplauden! Felicidades, ¡estás en el camino! Sigue haciendo un buen trabajo y sabe que tu deseo está haciéndose realidad. Este es un signo extremadamente positivo y significa que también deberías esperar que ocurran más milagros.

Finalmente, pasada la alegría por mi increíble recuperación, los problemas financieros me sacaron de mi excelente estado de ánimo. Después de todo, necesito pagar por mi cirugía, mi tratamiento y además mis cuentas de siempre, aquellas que me permiten seguir viviendo solo en el mítico Barrio Brasil. Ahí surgió el último patrón. El triple 6 se desplegó ante mí, pero no era algo malo. En verdad, es un recordatorio. Mi vida ha estado rodeada de milagros. El sólo hecho de que siga vivo después de lo que pasó ya es uno.

66, 666 ó 6666 - Tus pensamientos están fuera de balance ahora, enfocados demasiado en el mundo material. Esta secuencia numérica te pide que balancees tus pensamientos entre el cielo y la tierra. Como el famoso Sermón de la Montaña, los ángeles te piden enfocarte en el espíritu y en el servicio, y sabe que tus necesidades emocionales y materiales automáticamente serán solventadas como resultado.

No tengo ni la más mínima idea de cómo voy a salir adelante, pero creo que lo voy a lograr. Fe es lo único que requiero, la misma fe que me ha permitido ponerme de pie de nuevo. Literalmente.

Notas:
· Los significados de los números los saqué de este link. Cualquier falla ortográfica o de redacción no es mi responsabilidad.
· La foto que ilustra este posteo fue tomada a una cuadra del edificio en el que vivo.

viernes, 24 de enero de 2014

No te necesito

Pocos meses después de terminar mi primera -y larga- relación sentimental, comencé a escuchar a la banda sudafricana Die Antwoord. Su música es bastante agresiva y de un contenido altamente sexual, pero es tan diferente a mí que en realidad me causa mucha gracia escucharlos. Una de sus canciones, que aparece en el album $O$, me llamó especialmente la atención. Se llama “I don't need you” (“No te necesito”), y habla en duros términos en contra de una ex pareja. Se podría decir que es como un balde de mierda arrojado sobre alguien a través de la música.



Por ser yo quien puso fin a mi relación, no tenía ninguna excusa para utilizar esta bomba sonora en contra de mi ex, por lo que toda esa pasión que generaba en mí cada vez que la oía iba dirigida a alguna malvada mujer imaginaria. No sabía que dentro de algunos meses más aparecería y luego desaparecería una chica que, en algunos momentos, cumpliría en pequeñas dosis con el rol. Pero, pese al sufrimiento que tuve que pasar tras esa fugaz relación, no se sentía bien emplear esta canción en su contra. No se la merecía.

Ahora, cuando la niebla que envolvía mi vida afectiva finalmente comienza a disiparse, vuelvo a escuchar esta canción y no me provoca las mismas emociones que antes. Irónicamente, podría decir que más que rabia, siento cierto alivio al oírla. De una pésima experiencia como fue el haber tenido el corazón roto durante los últimos meses, he extraído una gran lección vital. “I don't need you” se ha convertido en la clave para comprender esta lección.

Mi mayor tristeza no vino del hecho de que aquella mujer de la que me enamoré se haya apartado de mi lado o de que, luego de eso, tomara la decisión de terminar con la opción de tener un presente o un futuro juntos. El dolor más grande fue perder su amor; ese amor que en ese tiempo y por los largos meses que siguieron creí necesitar. Entonces, algo cambió. Aquel sufrimiento repentinamente se detuvo y el título de la canción se tradujo en mi mente como una señal inequívoca del Destino: no la necesito.

Enamorarme fue algo nuevo para mí. En el pasado fui muy racional para enfrentar mis emociones y me cerré a sentir algo más profundo. Mi vida se sentía vacía dentro de una relación y luego, fuera de ésta. Al aparecer esta nueva mujer en mi vida, creí encontrar lo que me faltaba, lo que necesitaba. Pero “necesitar” a alguien para sentirse completo no es correcto. Una persona es un todo en sí misma, y lo que sea que le falte para llenar los vacíos de su existencia es su responsabilidad y no la de alguien que llegue a mágicamente solucionar sus problemas.

Meses y meses, algunos días más y otros menos, una desagradable sensación me molestaba. Sabiendo lo que sé ahora me siento un poco estúpido. Todo ese tiempo y energía dedicados a sufrir se ven, en este momento, como algo innecesario. Sin embargo, ésto quedó en el pasado. Pagué por adelantado un karma que no debería volver a repetir, y me siento afortunado de poder mirar hacia atrás y estar seguro de que lo peor ya ocurrió.

Sea quién sea la que venga ahora en mi vida, no será alguien que deba hacerse cargo de mí. Soy un hombre simple y complejo a la vez. Superficial y profundo, simpático y serio. Soy un hombre único. Y sí, soy imperfecto, y mucho. Pero tú, querida futura mujer amada, tú debes saber algo: no te necesito. Tú estarás junto a mí porque así lo quieres y porque yo también quiero que así sea. Estarás en mi vida porque quiero a alguien a mi lado para compartirla y disfrutarla aún más de lo que ya la disfruto solo. Reiremos, hablaremos por horas y haremos el amor cientos, miles de veces. Gozaremos de nuestras respectivas vidas y de el tiempo que pasaremos juntos. Seremos tan felices que lloraremos sólo porque la risa no nos bastará para expresar lo que sentimos, pero serán lágrimas alegres que yo secaré con besos en tu cara... Sí, es verdad, no te necesito, pero deseo con todo mi ser el comenzar a vivir el resto de mis días junto a ti. No te necesito, pero quizás aún sin conocerte, creo que ya te amo.

miércoles, 22 de enero de 2014

Reflexiones treintañeras

Hoy está de cumpleaños uno de mis mejores amigos. Él, un ex compañero de colegio, nació sólo 3 días antes que yo, y la llegada de su cumpleaños siempre me recuerda que el mío está demasiado cerca. Lo suficientemente cerca para darme la excusa perfecta para pensar en la edad que se me escapa y analizarla antes de que un nuevo año se sume a los que ya he vivido.

Sin duda alguna, mi año número treinta ha sido el más importante hasta el momento. El año anterior marcaba el fin de los 20's y fue un punto decisivo para dar el salto definitivo a la adultez. Antes de eso, varios aspectos de mi vida parecían ser los de un hombre maduro, pero lo trascendental no estaba desarrollado. Mi poder de tomar control sobre mi vida lo había cedido en gran parte a quién, en esos tiempos, había sido mi pareja por más de 8 años. Finalmente, tuve el valor de recuperar este control y terminar esa relación. Pero este poder venía con responsabilidades que no tenía idea de cómo asumir, lo que me metió en varios problemas.

Comenzando mi tercera década, mi vida era un desastre. Aún así, tuve la fortaleza para salir adelante y superar la mayoría de mis problemas. Pero claro, había uno que nunca había enfrentado correctamente. El amor se mostró ante mí como un ángel que vino a iluminar mi existencia y un demonio que se encargó de hacerla miserable. Entre medio, experimenté la plenitud de mi vida sexual y un descontrol emocional que me hizo hacer sufrir a más de alguna chica. A lo anterior se le sumó una gran confusión existencial y espiritual que me impulsó a buscar una respuesta en un viaje místico al desierto. Y encontré una respuesta, pero el precio a pagar fue demasiado alto. Estuve cerca de morir y aún sufro por el pie que me fracturé en San Pedro de Atacama.

Y aquí estoy. En un poco más de 48 horas voy a ser oficialmente más viejo, agregando definitivamente mi año número 30 al cofre en el que atesoro mi existencia. De todos mis años pasados, éste va a tener un lugar destacado. Mi vida cambió a un ritmo vertiginoso, al igual que la vida de varias personas cuyos caminos se cruzaron con el mío. Agradezco haber vivido todo el tiempo que he tenido hasta ahora, y ruego a Dios que me dé más tiempo aún para seguir mi camino hacia adelante, ya que si es tan interesante como lo que he vivido hasta este momento, tengo un futuro brillante.

jueves, 9 de enero de 2014

Mala pata

Tener una experiencia cercana a la muerte no es agradable. Esos segundos en que todo ocurre parecen eternos y tienes más tiempo del que te gustaría para darte cuenta de que la situación en la que te encuentras es culpa de tu propia estupidez. Bueno, en realidad no puedo decir que esto es una ley y le ocurre a todos quienes pasan por algo similar, sólo hablo desde mi propia vivencia.

¿Pero qué viene después? No me morí. Estoy vivo. Mientras caía cerro abajo pude haber muerto de cientos de maneras distintas, pero me aferré a la vida con toda mi fuerza y le gané a la muerte. De hecho, mire a la Muerte, la Parca, a la cara y le dije “hoy no.” Salí de ese puto cerro en medio del desierto con un pie roto, arena en mis ojos y varios raspones en los brazos, pero salí. Viví para contar mi historia (todos los detalles acá) y ahora que ya la conté, estoy acá. Sentado en mi cama por ya un mes; período en el que tuve una cirugía, una depresión express, una Navidad extraña y un Año Nuevo bastante bueno, dadas las circunstancias.



He tenido mucho tiempo para pensar, lo que ha sido un arma de doble filo. El lado positivo es que necesitaba una pausa. Mi mente y mi corazón estaban desgastados. Todo esto del accidente me hizo detenerme y sacarme de encima el ruido de la vida diaria, de mi sufrimiento, y contemplar las cosas desde una distancia. Todo lo que antes parecía importante dejó de serlo; mis prioridades cambiaron radicalmente. Me hice instantáneamente más fuerte y resiliente. Además también fue bastante útil el analizar mi vida de los últimos meses; cada error, cada persona a la que dañé. Me sirvió a la vez para pedir perdón. ¿Quién se niega a perdonar a un lisiado?

Por supuesto que hay un lado negativo. No poder moverme libremente me ha hecho dependiente de los demás. Mi orgullo se fue a la mierda, al igual que gran parte de mi diversión. Correr, andar en bicicleta o simplemente caminar... ¡Oh, sólo caminar! Qué acto más obvio para muchos que de pronto pasó a ser mi prioridad y mayor anhelo. Y claro, es en este clima que las penas del corazón a veces atacan con fuerza. Fantasmas que ya no puedo exorcizar con una caminata al aire libre o un rato en el gimnasio. No han sido muchas ocasiones, pero cuando han ocurrido, han sido momentos difíciles.



Pero es en estas horas de oscuridad en que también han surgido lecciones de vida muy importantes. Descubrí quienes realmente me quieren y están ahí para mí, y quienes no. Tuve muchas sorpresas agradables y un par de decepciones fuertes en este aspecto. De todas formas rescato más lo positivo. Me rodea gente hermosa, familiares y amigos. He creado un buen círculo alrededor mío y esto me hace sentirme satisfecho. No fui tan malo después de todo, pese a que esta caída parece ser obra del karma negativo acumulado durante 30 años de vida. Pudo haber sido peor.

Se acerca el 25 de Enero y con éste llegará mi cumpleaños número 31. El único regalo que deseo es poder pararme en mis dos pies por primera vez, en ese momento, tras casi dos meses. Ponerme de pie, caminar un poco, quizás hacer un poco de breakdance... o sólo las primeras dos. Y así, parado, mirar las fotos que acompañan esta columna y verlas como lo que son: imágenes de un pasado que de a poco va quedando atrás, dejando más cosas positivas que negativas en mi vida.



PD: aunque igual no podré correr hasta el próximo año, lo que es una gran puta mierda, pero ya dice el dicho: “no puedes correr antes de caminar.” O de volver a caminar en mi caso.

miércoles, 8 de enero de 2014

Los recuerdos son el humo del fuego que alguna vez tuvimos en nuestros corazones.
Memories are the smoke of a fire we once had in our hearts

sábado, 4 de enero de 2014

Retroceder el tiempo

Lidiar con el corazón roto ha sido mucho más difícil de lo que pensaba. Si a eso le sumamos que además tengo un pie roto, el mal rato está asegurado. Combinar el encierro, una reducción considerable de mis interacciones sociales y muy poco contacto con el sexo opuesto; se ha formado a mi alrededor la receta perfecta para la depresión. Por suerte, no he caído en ésta. No estoy feliz tampoco, sino en un estado de tranquilidad y contemplación. Repaso mi historia personal en profundidad a diario, con especial énfasis en mi fracaso amoroso. Tengo que sacar algo positivo desde lo negativo que esto ha sido para mí.

Es en este estado de meditación y aburrimiento en que la televisión se ha convertido en mi aliada. Me distraigo viendo series y películas de todo tipo, tratando de vivir virtualmente lo que en este momento no puedo vivir de verdad. Es así que anoche tuve una noche de cine romántico, en la cual vi un filme tan hermoso que me hizo llorar por lo menos un par de veces. Estoy hablando de la excelente cinta “About time”, que cuenta la historia de Tim, un tímido chico que descubre que tiene la habilidad de viajar al pasado y cambiarlo. Es así que utiliza esta habilidad para conquistar al amor de su vida y modificar otros episodios de su pasado. Una comedia romántica preciosa, que vale la pena ver.



Sin duda, la temática de “About time” es algo que muchos en mi situación han pensado. Poder retroceder el tiempo para volver a estar con la persona que amé es algo que me he planteado varias veces. Mi imaginación vuela hacia el pasado y me sitúo a mí mismo nuevamente dentro de esos recuerdos. Ser capaz de volver a estar frente a mi hermosa vikinga en aquel bar en la Plaza Yungay, en el segundo exacto en que nuestras almas se conectaron durante una intensa conversación, esa fría noche de Junio. O nuestro primer beso, descoordinado, estúpido y borracho. O despertar en mi cama a su lado, luego de la segunda noche que pasamos juntos, viendo sus ojos azules mirando a los míos, pensando en lo afortunado que era en ese momento. O la primera vez que me dijo “te amo.” O la primera vez que yo se lo dije luego de una extenuante sesión de sexo, nuestros cuerpos tibios y húmedos, abrazando con fuerza el uno al otro sin querer dejar ir. O simplemente oír su sonrisa tras alguna estupidez de las que yo solía decir. O verla... sólo verla.

Mis recuerdos de esta corta e intensa relación son muy bellos. Si pudiera, volvería a vivir cada uno de ellos cientos, miles de veces. Pero cuando imagino esa situación fantástica en que de verdad pudiera viajar al pasado y verla de nuevo, siempre llego a la misma conclusión: la cagaría. Le diría “te amo” en el primer instante, o sólo sería capaz de abrazarla y llorar en su hombro, balbuceando incoherencias. O si pudiera regresar y conocerla antes, en sus primeros días en Chile, es muy probable que ella ni siquiera me hubiera considerado atractivo e interesante y no hubiera pasado del primer “hola.”

Cada vez que pienso en nuestra historia (y esto es algo que hago muy seguido últimamente), todo se ve tan perfectamente sincronizado que no tiene ningún espacio que se pueda modificar sin cambiarlo todo irremediablemente. Todo es tan perfecto que, si pudiera retroceder el tiempo, no cambiaría nada. Regresaría ahí sólo para vivir cada segundo de lo nuestro, de ella, una vez más.

Dejaré todos estos ejercicios mentales a los guionistas, directores y protagonistas de las películas. El pasado no se puede cambiar, somos nosotros los que cambiamos por éste. Ella cambió y yo también cambié. Mucho. Agradezco a Dios la oportunidad que me dio de conocerla, a ella por permitirme amarla y a mí mismo por haberlo hecho tan intensamente. Así como amé, sufrí. Pero he visto y experimentado las dos caras de la moneda, lo bueno y lo malo. Sé que puedo y quiero volver a amar. A ella, si es que por algún milagro vuelve a mí, o a otra que conozca en el camino. Porque mi destino, mi historia, mi vida, todo tiene sentido. Corazón y pie rotos incluidos.

viernes, 3 de enero de 2014

Wanderlust



Hace algunos días vi este concepto gringo en algún sitio web y me puso a pensar. Durante mi tiempo de viajero ocasional y en las actividades relacionadas con extranjeros, como el intercambio de idiomas o mi club de running, conocí a varias personas que se jactaban de tener esta condición. Bueno, en realidad, nadie lo decía con ese nombre, pero sí todos tenían algo en común: la sed de viajar. Básicamente, eso sería el “wanderlust.”

Hace exactamente un año tuve en Santiago la visita de J, una chica inglesa de 33 años que había conocido algunos meses antes en Buenos Aires. Compartí mi habitación de la hostal con ella por una semana más o menos y, cómo siempre, tuvimos de esas conversaciones mías, llenas de sentimientos y reflexiones de la vida. Continuamos la misma dinámica mientras ella estuvo en Chile y yo auspicié como su guía personal por mi ciudad.

“Me encanta viajar” me dijo un día, “pero ya llevo haciéndolo durante un año y medio, por todo el Sudeste Asiático y Latinoamérica. Me quedan todavía 5 meses de viaje y ya quiero volver a casa. Estoy agotada.” Sí, se veía exhausta. Viajar es un placer, pero hacerlo por períodos prolongados desgasta a cualquiera. Pero, por lo que hablé con ella, habían razones más profundas que sólo el agotamiento mental y físico de estar constantemente moviéndose. “Estoy aburrida de conocer gente nueva y las mismas preguntas de siempre: dónde vas, de dónde vienes, cuánto tiempo viajas... todo es tan superficial, tan vacío.”

A mí también me gusta viajar. Me fascina llegar temprano al aeropuerto y esa expectación de esperar la hora en que finalmente puedo subirme al avión. Disfruto conocer nuevos lugares, compartir con personas nuevas y vivir experiencias distintas. Pero también me gusta tener un hogar al que volver, amigos a los que contar mis anécdotas y una familia a la que le puedo encargar que me rieguen las plantas mientras yo no estoy. Para mí, viajar es sólo una cosa más de la vida, no la vida misma. Pero no es una conclusión a la que llego por mi propia observación. Mi opinión está nutrida por la información que he recopilado de viajeros intensos, de esos que sí tienen wanderlust.

“Trabajo mucho para poder viajar lo más posible” me dijo otra chica. Era una americana que ha venido varias veces a Latinoamérica y que también había recorrido otros lugares del mundo. “Deberías venir a vivir acá entonces” le dije. “Si encuentro un marido latino lo haré” me respondió. Soltera, 30 años y buscando un hombre que justifique que el próximo ticket de avión que compre hacia acá sea sólo de ida. No parece ser la única persona en la misma búsqueda.

La verdad es que no terminaba de comprender a cabalidad el wanderlust aún. Una buena amiga extranjera que me hice en Santiago hace algunos meses me dio una pequeña pista adicional. Trabajó años en Londres para una gran firma financiera, ganando muy buen dinero por hacer que algunos ricos se hicieran todavía más ricos. Luego dejó de verle el sentido a tener una vida de mierda trabajando para personas de mierda, tratando de relajarse gastando 300 o 400 dólares cada fin de semana en una noche de fiesta en la ciudad. Renunció a su empleo y se vino a trabajar a Chile, enseñando inglés. Pero pasaron los meses y tampoco le vio sentido a eso. Tomó sus cosas y volvió a armar sus maletas. Ahora está en otro país de Latinoamérica, intentando mejorar su español y en busca de alguna ONG en la que trabajar como voluntaria. Buscando sentido.

Sí, viajar te puede ayudar a hallar un sentido, pero el viaje tiene que tener algún objetivo. Más que eso, un fin. Porque la vida en sí es un viaje; vivir viajando es una redundancia. Es por eso que miro con recelo esto del wanderlust. Esta ansiedad por salir, desconectarse; más que un mero placer parece tener otras connotaciones. Sólo imaginar a estas personas que no pueden quedarse quietas en un sitio, que quieren verlo todo... no sé, es penoso. Parecen tener problemas que van más allá de un simple hastío de la rutina normal.

Quizás esta analogía sea un poco dura, pero creo que esta desesperación de viajar es parecida a tener sexo con alguien que no te gusta. Ruegas a Dios que el período refractario sea lo más corto posible, para que lo incómodo de ese descanso sea reemplazado lo antes posible por otro encuentro sexual que te haga olvidar lo desagradable de estar junto a esa persona. Reemplacen el sexo por el viaje y a la otra persona por la vida. Una vida que la víctima del wanderlust parece odiar.

Conocí a otro personaje que experimentaba esta situación. Era de esas personas que se sentían orgullosas de vagar por el mundo, sin querer quedarse en un lugar fijo por más de algunos meses. Pero tras esa sonrisa no se veía más que pena. Pronto debía irse nuevamente y continuar su viaje. Dejaría atrás, por enésima vez, a amigos y personas importantes que había conocido durante el último tiempo. Partiría a seguir recorriendo el mundo, abandonando el mundo propio que había creado a su alrededor. “Odio esto. Odio decir adiós, odio las despedidas, odio dejar atrás a mis amigos. Odio tener que tener que reconstruir toda mi vida de nuevo” me decía esta persona. Le pregunté que porqué lo seguía haciendo entonces, y ella me respondió “porque quiero hacerlo... tengo que hacerlo. No puedo quedarme en un solo lugar.” Triste. Muy triste.

Y ya a punto de finalizar esta columna me encontré con un conocido de mi adolescencia. Recién hoy, tras años de conocernos, tuvimos una conversación decente. Él venía llegando de un viaje de más de tres meses, luego de que varios episodios negativos lo motivaron a buscar una salida. Apenas llevaba unos días acá en Santiago y ya el wanderlust lo acosaba. “Quiero volver a viajar, necesito salir de aquí.” Se veía angustiado, desesperado, al decir esto. ¿Pero no están todos así? ¿No es esta condición, este sentimiento, sólo eso? ¿No es acaso el wanderlust simplemente una forma más entretenida de escapar de la realidad? No, incluso peor. Escapar de uno mismo.

En fin, no puedo generalizar. Cada persona tiene sus propias razones para esta búsqueda constante de conocer nuevos lugares. Pero por lo que he aprendido de la gente que he conocido, la mayoría está tratando de encontrarse a sí misma o huyendo de algo, de alguien o de su propio ser. Pero por más que viajes, siempre serás el mismo. Sólo cambia el escenario, pero el personaje principal de la película sigue siendo el mismo: tú. Y si bien la vida es un cúmulo de experiencias, el viajar para adquirirlas no es la solución, ya que las verdaderamente trascendentales no se pueden forzar ni crear artificialmente. El tratar de hacerlo es sólo crear anécdotas, fotos sin mayor significado en tu cabeza. Lo que realmente marca tu vida no son los lugares, es la gente que conoces en ellos; y no es la cantidad lo que genera la diferencia, es la calidad. Ceder a este deseo de viajar sin detenerse puede ser divertido por un tiempo, pero sólo te dejará vacío al final. ¿O cuánta distancia debes recorrer para darte cuenta de que no se pondrá mejor que lo que dejaste atrás?

martes, 31 de diciembre de 2013

2013: el año más difícil de mi vida.



Comenzó mal. Atrapado en los suburbios, desesperado por salir a celebrar la noche de Año Nuevo “cómo corresponde.” Odiando estar en la casa de mis padres, con mi familia, sin opción de volver al centro a alguna fiesta. Pero lo logré, gastando bastante dinero entre medio; sólo para encontrarme en un lugar lleno de gente y música que no me gustaba. Bienvenido 2013. Una mierda.

Este sin duda ha sido un año complicado. 365 días llenos de desafíos, pruebas, lecciones de vida aprendidas a golpes y alegrías que luego se transformaron en penas. Tuvo varias cosas buenas, no lo voy a negar. Pero tras cada cosa buena hubo muchas malas. Fue un año en el que se concentraron todos los cambios que no hice durante mis veintes.

El primer semestre estuvo marcado por mis malas decisiones financieras anteriores. Viajes, fiesta desmedida y poco trabajo redujeron mis ahorros a cero. Me vi forzado a trabajar a tiempo completo en un trabajo de mierda mal pagado, siendo explotado durante más de un mes. Fui muy feliz cuando por fin pude renunciar, pero eso no aplacó el otro problema que venía experimentando hace rato. Cumplí 30 años el 25 de Enero, y desde ese momento una gran crisis vital comenzó a atormentarme. “¿Quién soy? ¿Adónde voy? ¿Qué es lo que quiero de mi vida?” Preguntas que durante mis 29 años anteriores no había logrado resolver se volvieron mucho más agudas, invadiendo mis pensamientos a diario. Y si esto no fuera poco, otro grave problema me aquejaba: el sexo. O, más bien, la ausencia de éste.

A comienzos de Mayo mi vida dio un giro. Comencé a ir a intercambios de idiomas, situación ideal para conocer nuevas personas, ampliar mi círculo social y, finalmente, adquirir la confianza suficiente como para sacudirme los 4 meses de celibato absoluto en los que había estado sumido. Pero no fue sólo sexo lo que obtuve, aunque era sólo eso lo que buscaba.

Terminaba Mayo y comenzaba el Invierno. Vientos nórdicos soplaron desde la lejana Escandinavia y la trajeron hacia mí. L, la noruega, la vikinga. La mujer más importante de mi vida dio comienzo a mi segundo semestre y le puso fin a mi mala racha sexual. Vivió junto a mí un romance de película y dejó tras de sí, al marcharse, pedazos de mi corazón esparcidos por cada lugar que visitó después de abandonarme. Pedazos que demoré más de cuatro meses , con una experiencia cercana a la muerte mediante, en devolver a mi alma.

Todo esto me lleva al presente. Escribo estas palabras acostado en mi cama, lugar que no he podido abandonar mucho desde que caí cerro abajo en San Pedro de Atacama y me quebré el pie izquierdo. Esto, como perfecto cierre de mi 2013, un año que nunca olvidaré por lo complejo que resultó ser y por el gran valor que tuvo para mí. Porque si bien omití varias otras situaciones difíciles, estos doce meses han sido caóticos. Pero, ya en las últimas horas, veo como la tormenta se va calmando, abriendo el cielo nublado y dejando caer rayos de sol y esperanza a mi vida.

Cuando terminé con mi ex, hace un poco más de un año, usé una frase muy parecida al cliché “no eres tú, soy yo.” Le dije que quería encontrarme a mí mismo, saber quién era yo solo, sin ella a mi lado. No estaba mintiendo. Casi 9 años de mi vida los compartí con ella, pero olvidé mi individualidad. 2013 fue un año duro, pero me ayudó a conseguir lo que estaba buscando. Cada prueba que superé me hizo más fuerte, cada nuevo amigo que hice amplió y mejoró mi círculo social, cada chica que conquisté me dio seguridad y mejoró mi autoestima, y la mujer que amé me permitió descubrir que tengo un corazón. Llegué a mis 30 sin estar seguro de eso ni de nada. Ahora sé quién soy, qué quiero. Sé que puedo amar y ser amado. Tengo certeza de que aunque las cosas se pongan difíciles, puedo salir adelante. Claro que, si me preguntan, prefiero pensar que desde 2014 todo va a ser mucho mejor. Después de todo, 2013 ya se acaba, y con un año de mierda como éste tengo suficiente para el resto de mi vida.

domingo, 29 de diciembre de 2013

Reflexiones matrimoniales.

Hace algún tiempo decidí qué es lo que quiero hacer de mi vida. Quiero ser un guía espiritual, pero no de esos inalcanzables, como el Dalai Lama, sino mucho más cercano y real. Soy imperfecto y eso, más que un defecto, es una virtud. La imperfección nos hace humanos y nos permite estar a todos en el mismo nivel. Aunque, por otro lado, el camino de Iluminación que debo tomar para llegar a convertirme en lo que quiero no está ausente de caídas y contratiempos. Es en esos momentos en que un poquito de perfección me vendría bien. Por suerte, mi vida está siempre llena de sorpresas y hechos que me permiten ver más allá, como lo que pasó ayer.

Este Sábado fui al matrimonio de la hermana de uno de mis mejores amigos. Él, con la mejor voluntad del mundo, me llevó en mi silla de ruedas hasta la iglesia. Fue divertido. Ya en aquel lugar, algunas conversaciones mediante, tuve mi primera reflexión. Me dí cuenta (aunque en realidad es bastante obvio) que, por más tiempo y cosas que han pasado desde el fin de mi relación con la vikinga, ella sigue en mi mente. Cada vez que conozco a una nueva persona, cada vez que estoy con alguien nuevo, ella aparece en mi cabeza. Siempre me preocupó esto, me sentía como un loco obsesionado con ella. Recién ayer pude darme cuenta de que, afortunadamente, no era eso.

Cuando ella terminó conmigo, intercambiamos algunos emails antes de dejar de comunicarnos. En uno de ellos le pedí que por favor nunca se conformara “con menos que esto.” Quería pensar que si ella había decidido cambiarme por alguien más, al menos quería que ese personaje fuera mucho mejor que yo, para que valiera la pena mi sufrimiento. Pero, por otro lado, esto también se aplica a mí. La vikinga cambió mi mundo. Hay un antes y un después de ella en mi vida. Por supuesto que luego de conocerla no puedo buscar ni conformarme con alguien “inferior”. La amé. A ella y a cada parte que logré sentir de su universo. Ella se convirtió desde ese momento en la vara con la que mido y mediré a todas las mujeres que vengan en el futuro. No es una obsesión, es sólo ser objetivo. Si pude tenerla a ella en mi vida, ¿por qué no podría estar con alguien así o mejor aún? Debemos buscar siempre ser la mejor versión de nosotros mismos, y acompañarnos también de las mejores personas que logremos conocer en el camino. Es lo que hasta ahora había hecho de forma inconsciente. Nunca más. Ya sé lo que quiero. Nada menos que lo mejor, nadie menos que ella.

Pero la velada no terminó ahí. Luego del matrimonio vino una lujosa comida en la que el novio, orgulloso, nos mostró un video. Era la historia de amor de él con su ahora esposa. Me emocionó mucho, casi hasta el punto de llorar. La música, las imágenes, las palabras... todo fue muy hermoso. “Yo quiero eso” pensé. Y fue en ese instante en que me dí cuenta de algo más. Mientras se sucedían las fotografías de la vida de cada uno de los novios, por separado antes de conocerse, vino a mí. El amor es un milagro.

“¿Chilena?” Para que yo me acercara y le hiciera esta simple pregunta pasaron 25 años. Nació en Noruega, estudió Retórica y viajó por Europa, Asia y América. Se enamoró, sufrió, rió, se cayó y puso de pie. Trabajó en distintos lugares del mundo, conoció a mucha gente, se hizo de varios amigos. Aprendió español y decidió, tras algunos años de dudas, finalmente retomar su sueño de adolescencia y estudiar Periodismo. Parte de su Magister internacional debía cursarlo en Chile. Un semestre para ser exacto. Cruzó la mitad del mundo para llegar hasta Santiago. Vivió por casi seis meses ahí hasta que una fría noche de Mayo, en una fiesta de intercambio de idiomas, un chileno se acercó a ella para preguntarle si ella era una compatriota. “No, soy de Noruega” le respondió. Él, sin saberlo, había esperado 30 años para oír esa respuesta. Yo había vivido 30 años sólo para ese momento.

El amor es mágico. No responde a la lógica, ya que si fuera posible racionalizarlo no sería amor. Cada decisión, cada camino que tomas, incluso la más mínima palabra que dices o hasta el suspiro más silencioso que das. Todo lo que haces y pasa en tu vida te prepara para ese momento. No lo sabes hasta que lo vives. Pero, por lo mismo, puede que no te des cuenta que lo tienes hasta que ya es demasiado tarde. Afortunadamente existen personas que sí lo saben, o al menos quieren creer con todo su corazón que es así, y hacen algo al respecto. Ayer estuve ahí y lo vi. No, lo sentí. Anoche vi a dos personas que se aman y sentí parte de ese amor en mí.

Mi vida ha probado ser un milagro. Cosas maravillosas han pasado en ella, y de cada cosa mala que pasa, de cada tropiezo, de cada llanto, nace algo mejor. Sobreviví al desierto por amor. Por mi familia, mis amigos. Por mí mismo. Pensé que por fin la había olvidado, pero me es imposible. Pero aunque esto antes parecía malo, ya no lo es más. No sé si alguna vez la vuelva a ver, ni tengo claro si en su corazón yo estoy presente tal como ella lo está en el mío. No sé si en este momento eso importe ya. Más importante que todo eso es que gracias a ella dejé de pensar y comencé a sentir. Dejé de vivir mi vida a través del filtro de la razón y descubrí que amar y ser amado no me es imposible como creía antes. Ahora sólo espero no tener que esperar otros 30 años para volver a decir “te amo.”

miércoles, 25 de diciembre de 2013

Veinticinco

Nací exactamente hace 30 años y 11 meses, en Independencia. Era un caluroso Martes 25 de Enero de 1983, a las 5 de la tarde. Mi madre, tras 9 meses de feliz embarazo, dio a luz a un varón. Me llamaron Eduardo, por mi papá. Fui el primogénito.

Desde que mi mamá, el Destino, Dios o el Universo decidieran que yo naciera un 25, este día, cada mes, es especial para mí de alguna forma. La Navidad por razones obvias, pero en cada ocasión hay algo fuera de lo común que ocurre justo este día. “Especial” no necesariamente significa que es algo bueno. No, al contrario. También significa que cosas malas pueden ocurrir; hechos de aquellos que cambian mi vida en cierto aspecto. Por ejemplo, fue este 25 de Julio cuando besé a la vikinga por última vez, antes de que tomara su vuelo a Noruega en Buenos Aires, y fue exactamente un mes después, un domingo 25 a las 3 AM, cuándo ella me terminó por Skype desde algún país asiático.

Cada 25 ha sido único desde que comencé a poner atención a este día. Hoy, a sólo un mes de cumplir 31 años, no ha sido una excepción. Mi decisión de entregarme a una relación significativa se ha visto reforzada luego de las conversaciones que he tenido hoy. Y mientras el año es escapa rápidamente hacia el pasado, cierro mis ojos y veo mi futuro tras las tinieblas de la incertidumbre. 2014 tendrá otros 12 veinticincos. ¿En cuál de éstos podré mirar atrás con mi objetivo ya cumplido? Tendré que esperar para averiguarlo, viviendo un 25 a la vez.

martes, 24 de diciembre de 2013

Don Jon



Hace rato que no veía una película buena. “Don Jon” es buena, y mucho. Combina algunos de los factores que más disfruto en una cinta, humor y sexo (y Scarlett Johansson, que es una virtud en sí misma.); pero con un toque extra. Porque para mí esta película fue más que sólo una hora y media de diversión. Fue un descubrimiento.

La trama es sencilla. El protagonista es un tipo con mucha suerte con las chicas, pero que no encuentra satisfacción sexual con ellas como la que sí halla en el porno. Aburrido de ésto, busca una relación significativa con la chica más linda que había conocido, sólo para descubrir que ni aún con ella podía dejar el porno de lado. Gracias a una mujer mayor que aparece en su vida descubre su problema, y de a poco se va haciendo cargo de éste, cambiando definitivamente su vida.

¿Por qué me llamó tanto la atención este filme? Creo que llegó a mí en el momento preciso de mi camino vital. Hace un año, o incluso 6 meses atrás, no hubiera tenido ningún impacto en mí. Pero luego de todos los cambios que he tenido en el presente año, y especialmente los que me están afectando ahora, puedo ver con claridad cómo mi historia tiene ciertas similitudes con la retratada en la película. Al igual que el protagonista de la misma, yo estoy en búsqueda de una relación significativa, profunda. Él y yo tenemos el mismo objetivo. Queremos cambiar.

Ya llevo más de un año soltero y me aburrí. Sí, el sexo casual es divertido, pero se acaba la libido y no queda nada, sólo el vacío. Termino y sólo quiero que me dejen solo, tranquilo. Anhelo poder disfrutar de mi cama sin sentirme obligado a mantener una conversación superficial para llenar el silencio incómodo que se produce cuando el deseo sexual desaparece.

No tengo claro qué es lo que ocurrirá el próximo año. 2013 ha sido una época de experiencias extremas en todas las áreas de mi vida, y si los eventos siguen dándose como hasta ahora, no sé en qué mierda voy a estar en 12 meses más, en esta misma fecha. Lo que sí tengo muy claro es una cosa: sea lo que sea que este viviendo, quiero que sea junto a alguien. ¿Cursi? Quizás. ¿Cierto? ¡Por supuesto!

martes, 10 de diciembre de 2013

Yo morí en San Pedro.



Sentado en mi cama, de regreso en Santiago, contemplo como mi vida anterior termina de caerse a pedazos. San Pedro de Atacama cambió mi existencia para siempre.

A todo el mundo le conté acerca del viaje que iba a emprender. Cuando me preguntaban cuál era mi motivación, yo les respondía: “voy a morir al desierto.” Me gustaba el impacto que creaba en la gente, luego del cual les explicaba que era una muerte más poética, espiritual. Esa era mi idea.

Los últimos meses habían sido muy difíciles. El alejamiento de la mujer que amaba sólo intensificó el vacío y la falta de sentido que me había seguido desde el comienzo del año, al quedar en la ruina luego de mis locos primeros meses de soltería. El fantasma de la bella noruega que por un tiempo hizo que mi camino cobrara cierto sentido comenzó a molestarme demasiado. Necesitaba olvidarla y de paso encontrarme a mí mismo para poder proyectarme en el futuro.

Seguí una especie de “llamado” que me condujo hasta el norte de Chile, a San Pedro. Aquel pueblo en el medio del desierto de Atacama parecía el lugar perfecto para desconectarme de la angustia de Santiago, de mi vida diaria. Como por arte de magia, todas las condiciones se dieron de forma perfecta para que yo acabara ahí aquel día Viernes 6 de Diciembre.

Mi primer día en San Pedro de fue de lo mejor. Estaba aburrido, mi hostal estaba desierta, nadie con quién hablar. Sí, yo buscaba tranquilidad, soledad; pero me estaba matando. De todas maneras, aquella noche lo decidí: “ella no me ama, no perderé más mi tiempo sufriendo por ella.” No más noruega, no más dolor en mi corazón.

Dormí muy mal, pero dormí. No había logrado hacerlo en las últimas 35 horas. En la mañana siguiente, alrededor de las 11 AM, pensé que sería una buena idea dar una vuelta por el pueblo y sus alrededores, antes de que el calor del desierto se intensificara al avanzar las horas.

Caminé por la avenida principal, Caracoles, hasta que las casas y la gente dieron paso a lo que en realidad estaba buscando: el desierto. Seguí caminando en línea recta, crucé la carretera y continué por entre medio de la tierra, las plantas secas y las piedras multicolores que adornaban el piso seco bajo el sol de mediodía. De pronto, lo vi. Un cerro pequeño color café claro se erguía majestuoso tras unas dunas más oscuras. Tenía que ir hacia allá.

Ya de cerca, las dunas de arena oscura y piedras no eran tan pequeñas como se veían desde lejos. Aún así, las logré cruzar sin mucho esfuerzo. Una vez abajo, me encontré de frente con aquel cerro. Si las dunas eran altas, este cerro era un monstruo. Al menos 400 metros sobre mí estaba la cumbre más alta, y la sola imagen de esta bestia de tierra era intimidante. Pensé en simplemente dar la vuelta y regresar, pero un impulso me llevó a al menos intentar subir un poco. “Ya estoy aquí”, pensé. Atravesé el terreno arenoso que me separaba del pie del cerro y comencé el ascenso.

Al igual que mientras cruzaba el desierto, grabé algunos minutos de video con mi teléfono móvil, para documentar mi proeza. Ya casi en la cima, me sorprendí de que, pese a lo cansado que estaba, aún tenía las energías suficientes como para seguir subiendo. Y lo hice. A los pocos minutos estaba a varios metros del piso, en el punto más alto del cerro que desde abajo se veía tan monstruoso. Me sentí genial. Vi cómo el haber realizado este acto que parecía imposible en un principio reforzaba inmediatamente mi autoestima, mi ego. Por fin San Pedro comenzaba a rendir los frutos que esperaba.

Grabé otro video, tratando de sonar profundo y reflexivo en mis palabras. Apilé unas rocas con la forma de la inicial de mi nombre, “E”, para dejar mi huella ahí. Pensé en quedarme unos minutos en ese lugar, contemplando el pueblo y el desierto desde la altura, pero el calor me empezó a molestar. Emprendí mi descenso.

La pendiente cerro abajo no era muy inclinada en los primeros metros de mi bajada. De hecho, era gracioso cómo la tierra se hundía si pisaba muy fuerte. El cerro parecía firme, pero estaba hecho de arena, barro seco y cristales de sal. Saltar desde alturas que en un terreno más duro sería doloroso, en este caso era fácil. Lo blando del piso amortiguaba bien las caídas.

A medio camino hacia abajo, la pendiente del cerro comenzó a hacerse cada vez más inclinada. En algunos puntos bajaba sólo para encontrarme con un barranco al que me acercaba sigiloso para ver la muerte segura que me acechaba si caía en él. Aún así, conseguía encontrar otra ruta que me permitía seguir bajando sin contratiempos. Lamentablemente, no por mucho.

Adonde mirara, sólo veía abismos. Había llegado a un punto de no retorno en el que se me acabaron las posibilidades de bajar de forma segura. Me armé de valor y comencé a bajar esta pared de tierra con cristales de sal sobresaliendo, brillando con la luz del sol. Logré así llegar bien hasta más de la mitad de la altura que me separaba del suelo. Entonces ocurrió.

Como los peores desastres de la historia, todo pasó en cuestión de segundos. Las protuberancias de tierra en las que apoyé mis pies no soportaron mi peso y los cristales de los que me afirmé tampoco. Comencé a deslizarme cerro abajo a gran velocidad, cubierto por una nube de arena que se colaba en mis oídos y ojos. El ruido de piedras y tierra cayendo sobre mí y a mi alrededor era ensordecedor. ¿Han oído que cuando uno está a punto de morir ve su vida pasar frente a sus ojos como una película? Yo no quise verla. Me aferré a la vida más fuerte de lo que traté de agarrarme a ese cerro que se desmoronaba sobre y bajo mío.

Mis piernas hicieron el trabajo más duro. Con mis manos me aseguré de no darme vuelta y rodar cerro abajo, mientras frenaba con los pies. Fue ahí cuando lo sentí. Mi pie izquierdo chocó con algo duro. Siguió un gran dolor que luego no sentí más. Cuando finalmente me detuve, a unos 20 metros desde donde comencé a caer, me senté, gimiendo de miedo y dolor, tosiendo el polvo que seguía cayendo sobre mí. Estaba vivo aún.

Miré dónde había caído. Todavía quedaban unos 100 metros para seguir bajando, pero con una pendiente menos inclinada. Estaba vivo, sí, ¿pero por cuánto tiempo más? Hurgué en mi bolsillo y revisé si mi teléfono celular aún funcionaba. Estaba intacto. Instintivamente lo puse en modo cámara y comencé a grabar. Sólo habían transcurrido unos pocos segundos de mi accidente, pero el panorama era desolador. Solo, con mi pie izquierdo roto, debía llegar abajo del cerro usando solamente un pie y tratar de alcanzar la carretera para conseguir ayuda, ya que estaba en una zona no turística. Grabar un video era la opción lógica. “No me arrepiento de nada... los quiero mucho” le dije a la cámara. Era mi despedida.



La carretera se veía a unos 2 kilómetros de distancia, y desde mi posición podía observar un camino que atravesaba las altas dunas que había cruzado para llegar al cerro. “Este desierto culeado no me la va a ganar” exclamé. Con mi pie derecho adelante y apoyando mi trasero en el piso comencé a bajar. Tenía que salir de ese maldito cerro. No me importaba cómo mis manos y mis nalgas se raspaban y cortaban con los cristales de sal o se quemaban con la tierra ardiente por el sol. Sonreí y traté de calmarme pensando en la gran anécdota que esta experiencia sería. Me imaginé a mi familia, a mis amigos... recordé a esa chica con la que quería tomar un café... quería mi vida de vuelta. No podía morir ahí, ni así.

Gritando de dolor y frustración llegué abajo. Lloraba de rabia y mis gemidos hacían eco entre el cerro y las dunas. Estaba completamente solo, no tenía idea dónde. El camino que creí divisar desde lo alto ya no se veía, todo era tierra y piedras. Me puse de pie, pero inmediatamente caí. El dolor de mi tobillo izquierdo era mucho. Me puse de pie nuevamente, esta vez sólo apoyando mi pie derecho, y así, saltando, logré avanzar tres tramos de unos 100 metros cada uno. Al final quedé exhausto. El calor y la altura me estaban desgastando rápidamente. Me senté en el piso caliente. Saqué el teléfono de mi bolsillo y llamé a la ambulancia. Contestaron. Les expliqué mi situación. “Espera, te llamaremos de vuelta.” A los pocos minutos, la voz de una joven al otro lado de la línea me calmó. “Hola, Eduardo. Te llamo de Bomberos. Vamos en camino.”

Transcurrieron unos 15 minutos hasta que oí las sirenas del camión de bomberos por primera vez. Por fin la ayuda venía por mí. Pero pronto el sonido desapareció, tras el cerro. La chica me llamó de nuevo y le dije que el camión pasó de largo. Ella me pidió más instrucciones y volví a esperar. Este proceso se repitió varias veces.

Tras una hora y media del accidente, el sol comenzó a afectarme. Perdí más de la mitad del agua de la botella que llevaba conmigo al caer. El impacto la aplastó y vertió casi todo el líquido en la arena. No había sombra por ninguna parte y ya eran casi las 3 de la tarde, la hora de más calor en Atacama. “Creo que me voy a desmayar” le dije a la operadora cuando me volvió a llamar. Sentía cómo lentamente mi cabeza se sentía más ligera y mis ojos más pesados. “No te preocupes, yo voy a estar contigo. No dejes de hablarme” dijo ella. Seguí dándole instrucciones por media hora más, hasta que oí que alguien gritaba mi nombre tras las dunas oscuras. “¡Acá!” grité. Estaban cerca.

Transcurridas dos horas bajo el intenso sol del desierto, casi como un espejismo, divisé una silueta humana asomándose al tope de la duna más lejana a mí. Comencé a agitar la delgada chaqueta de tela que llevaba conmigo en el aire y a gritarles para que me vieran. “Ya me encontraron” le dije a la chica al otro lado del teléfono; “muchas gracias por todo.”

Dos hombres y una mujer llegaron a mí, con una camilla de plástico amarillo fosforescente en la que me ataron e inmovilizaron, para luego llevarme a la ambulancia. Reí. Estaba a salvo. Tan tranquilo estaba que ni siquiera me molestó la larga y gruesa aguja que enterraron en mi brazo para ponerme suero y llevarme a la pequeña clínica del pueblo. Ya todo estaría bien...

Tras casi dos días de travesía desde mi tragedia, me encontré con mi pie enyesado, volando desde Calama de regreso a Santiago. Tenía una fractura horrible que me impediría caminar por un tiempo, pero el dolor era soportable. La angustia por la gran cantidad de dinero que había gastado dolía más. Una de las azafatas del avión se acercó a mí con una bandeja con bocadillos. Saqué el plástico protector y tomé el chocolate que había entre las demás cosas. Le dí una mordida y cerré los ojos para saborearlo. Comencé a llorar. Estaba delicioso y yo estaba vivo para probarlo. Estaba vivo.

sábado, 7 de diciembre de 2013

La muerte en el desierto

Estoy recostado en calzoncillos en la cama de la hostal. Frente a mí, mi pie izquierdo hinchado y vendado, irreconocible. Hace unas horas casi me mato bajando un cerro de tierra y cristales de sal, en medio del desierto, a un par de kilómetros de la ciudad.

El paisaje era sobrecogedor. Estaba completamente solo, bajo el ardiente sol del mediodía. Caminaba sin  rumbo fijo, hasta que vi esas grandes formaciones rocosas. Me decidí a escalarlas, incluso cuando estuve frente a ellas y se veían mucho más grandes...

viernes, 6 de diciembre de 2013

San Pedro de Atacama

Llegué. Logré dormir media hora en el bus, lo que me despertó un poco. No he tenido tiempo de hacer muchas cosas, pero sí mi mente ha estado bastante activa. "¿Qué estoy haciendo aquí?" se pregunta constantemente.

Calama

No he dormido nada. Llevo unas 30 horas más o menos despierto. El bus ya ha atravesado la mayor parte del camino a San Pedro. Ahora estamos cruzando Calama, una ciudad fea y seca como el desierto que la rodea. Aquí no hay nada más que casas pequeñas, un mall y un casino. Está plagado de automotoras. La gente tiene mucha plata y la gasta en pura mierda, como autos nuevos. No hay nada que hacer aquí, sólo pasar rápido y sin detenerse en el camino a un lugar mejor...

5:37 AM



Terminal Nacional, Aeropuerto de Santiago. La última vez que estuve en un aeropuerto fue para ver cómo la mujer que amaba se iba de América y de mi vida. Gracias a este “lindo” trauma, la corta espera que debo hacer antes de que mi vuelo a Antofagasta permita el abordaje es una mezcla desagradable entre nostalgia y angustia. Si a esta combinación le agregamos la puta acidez estomacal que tengo ahora debido a las 7 cervezas que bebí anoche, y le sumamos mi insomnio de esta noche, no podríamos decir que mi viaje a San Pedro de Atacama está comenzando de buena manera. Por otro lado, a veces las cosas que comienzan mal terminan bien. Tengo fe que ése es el caso ahora.

miércoles, 4 de diciembre de 2013

Viajes

En el período que llevo soltero he viajado más que en toda mi vida. La verdad es que anteriormente viajé mucho más que cualquier chileno promedio, pero ningún viaje fue tan significativo e importante como los que he realizado en el último año y dos meses de soltería.

Buenos Aires, Argentina. Octubre - Noviembre 2012: mi primer viaje solo. Siempre había viajado con mi familia, amigos o mi ex. En cambio, Baires fue de verdad. Eduardo Hernández, solo contra el mundo. Fui en busca de sexo y, aunque no lo encontré, descubrí algo mucho más importante: soy mucho más y mejor de lo que creía.

Sao Paulo, Brasil. Enero 2013: nuevamente, motivado por mi búsqueda sexual, tomé un avión. Esta vez el destino fue Brasil, donde fui recibido por mi gran amigo Marcelo, a quien conocí en mi primer viaje a Buenos Aires. Una vez más, no tuve sexo, pero me encontré con una revelación. Existe algo más que sólo el intercambio de fluidos corporales. La chica que conocí allá me permitió darme cuenta de eso; lamentablemente yo ya había sellado mi destino con ella y no hubo nada más entre nosotros que sólo una cita muy buena.

Buenos Aires, Argentina. Julio 2013: este viaje ya lo he comentado mucho. No necesitaba buscar sexo, ya había tenido bastante. Era el amor lo que me llevó de vuelta a Baires. Por primera vez encontré lo que estaba buscando en un viaje. No hubo necesidad de revelaciones, descubrimientos ni segundas miradas. El amor estuvo ahí desde que puse un pie en aquella ciudad hasta que me marché.

San Pedro de Atacama, Chile. Diciembre 2013: el último viaje de este año y de mi vida cómo la conozco. El amor fue maravilloso; la pérdida de éste ha sido una tortura. Este viaje tiene por objetivo recuperarme definitivamente del dolor, pero más que eso, su sentido último es morir. Mi muerte en un sentido poético, espiritual. Dejar morir lo malo de mí en las arenas del desierto más árido del mundo para volver sano de cuerpo, alma y mente. ¿Expectativas muy altas? Quizás. Espero que la buena racha del último viaje a Baires me siga en éste y que vuelva a encontrar lo que quiero. Espero esta vez encontrarme a Mí.

domingo, 1 de diciembre de 2013

Tarot

Sabía que estos que mi vida cambiaría. “En esta semana se decide todo” le dije a más de una persona, convencido de que es lo que ocurriría. ¿Por qué estaba tan seguro? Porque hoy es su cumpleaños. Ella, la vikinga, cumple 26 años este 1 de Diciembre. Hoy es el momento culmine, mi última instancia de acercarme a ella, de comunicarme. Quizás por eso me esmeré tanto en el email que le envié o en el video que grabé para desearle un feliz cumpleaños...

Mi madre es una mística. Al verme perdido, confundido y lleno de dudas, decidió poner en práctica su don para ayudarme. La llegada del cumpleaños de la vikinga no era lo único que me tenía preocupado y a la vez sintiendo angustia. Era todo. Encontré qué es lo que quiero hacer de mi vida, mi camino, pero no tenía idea de cómo llegar allá. Esto, sumado a mi complicada vida sentimental, ponía las cosas bastante de cabeza. “Voy a leerte el tarot” me dijo mi mamá. Este viernes las cartas, literalmente, estaban tiradas.

Mi futuro cercano está lleno de decisiones importantes que tomar. La mayoría son opciones que aún no se me presentan, pero que le darán un giro a mi vida. Todo comenzó desde el momento que me senté frente a esas cartas con extrañas ilustraciones que a la vez tenían un significado tan fuerte. O quizás ya había comenzado algunas horas antes, cuando decidí seguir aquella visión que me decía que debía ir a San Pedro de Atacama.

El próximo vienes estaré en medio del desierto. Parece un plagio a “El Alquimista” de Paulo Coelho, pero es algo que vi y que debo hacer. Esta ciudad me está asfixiando. Desde que volví de Buenos Aires y perdí el amor de la mujer que más intensamente he amado, mi mundo se desmoronó. El lado positivo es que la pérdida me motivó a buscar desesperadamente llenar el vacío de mi existencia. De la destrucción de mi mundo surgió un nuevo universo, el cual quiero purificar bajo el sol del Atacama, en la arena, la nada.

Creo que la lectura del tarot me marcó. Dio una luz entre tanta niebla y reveló interesantes posibilidades para mi futuro existencial y sentimental, además de una serie de situaciones que ocurren en el presente, a mi alrededor, que nunca imaginé. No puedo adelantar los eventos que están por venir, pero estoy mucho más preparado para reaccionar ante éstos y tomar las decisiones correctas. Al parecer tenía razón desde el comienzo. Esta semana mi vida sí cambió.

viernes, 22 de noviembre de 2013

Viernes triste

Estaba bien, o eso creía. Ya han pasado casi 3 meses desde que mi última relación terminó y el fantasma de la pena ha vuelto a acosarme. No sé porqué exactamente, pero las últimas dos semanas no han sido buenas. Un dolor intermitente me ataca en el corazón, carcomiendo mi alma.

He pensado bastante en ella. La música, los lugares, la gente, es como que todos confabularan para traerla de vuelta a mi mente. Es como si tuviéramos una deuda pendiente que el destino se está encargando de recordar. No sé. He tratado de sacar lo mejor de todo esto. Meditar. Reflexionar. ¿Cuál fue su misión en mi vida? ¿Por qué vino y se fue? ¿Para qué? He sacado algunas conclusiones, pero creo que no es el momento todavía de sacarlas a a luz. No aún.

Los gringos tienen el concepto “soul mate”, que se traduciría como “compañero de alma.” Me encanta. Los latinos somos mucho más románticos y sólo usamos “mi alma gemela”, como si no hubiera otra persona más para nosotros en el mundo. Ella ya no está acá y probablemente nunca vuelva a verla. Sería terrible que de verdad ella haya sido LA mujer de mi vida. Significaría vivir por el resto de mis días en el vacío que siento ahora. Porque, pese a que ella ya no está, aún siento esa agradable sensación en el pecho de vez en cuándo, esa “conexión” que tenía cuando a veces hablábamos o simplemente nos quedábamos mirándonos fijamente a los ojos, mudos.

Sé que debo aceptar mi pérdida y dejarla ir. Tener fe de que alguna vez tendré esa conexión con alguien más, y que ésta vez será por más tiempo. Por mientras sólo me queda sentir intensamente esta tristeza que invade mi ser, esperando que en algún momento este sentimiento pierda fuerza y se agote. Esperando que el próximo Viernes no sea triste. No de nuevo.