Cuando recorremos el camino de nuestras vidas, hay momentos en que la ruta frente a nosotros se abre en muchas vertientes distintas. Sea cual sea el camino que tomemos, esta decisión es definitiva y no tiene vuelta atrás. El pasado es invariable, la vida es una carretera de un solo sentido.
Sabiendo esto, la tarea de elegir un camino en concreto se pone cuesta arriba. Pese a eso, la elección debe ser tomada, ya que aunque tratemos de esquivarla o posponerla lo más posible, el tiempo sigue avanzando y nos seguimos moviendo hacia adelante, forzados inevitablemente en alguna dirección.
Tomar una buena decisión requiere de sabiduría y coraje. Al igual que en el mundo que nos rodea, en la vida hay una gran gama de colores, lo que significa que no siempre tendremos que elegir entre dos tonalidades completamente distintas, blanco o negro. Saber identificar qué opción tomar y tener el valor para enfrentar las consecuencias de esa decisión es vital para mantenernos bien encaminados.
La honestidad toma un rol fundamental en cualquier elección que hacemos. Sincerarnos con nosotros mismos y llevar esta verdad a la realidad debería ser siempre nuestra primera prioridad. Tomando esta actitud no sólo nos aseguramos de no tomar decisiones influenciados por los demás o el entorno, sino que tomamos el control de nuestra vida y seguimos un camino en concordancia con nuestros deseos.
Llegan momentos, sin embargo, en que la elección es mucho más compleja. Cuando nuestra decisión no sólo nos afecta directamente a nosotros e influye también sobre la vida de otras personas, entran en juego otras variables. Nuestra empatía con el otro se entremezcla con la culpa que nos generaría pasar a llevar sus intereses al momento de elegir. Nuevamente la honestidad puede ser la mejor guía. ¿Es mejor, por evitar un daño menor, tomar una opción que a la larga generará un daño mucho mayor? La respuesta es bastante obvia.
Vivir en plenitud implica tomar conciencia de nuestras acciones, ya que toda consecuencia de éstas, errores o aciertos, serán nuestra responsabilidad. Por otro lado, esta responsabilidad también representa un gran poder. Tomar decisiones, elegir, nos da control sobre nuestra vida. Porque el camino está plagado de rutas alternativas, y al elegir reducimos todo ese ruido que de no tomar una decisión retumbará por siempre en nuestras cabezas. Las posibilidades son infinitas, el pasado es sólo uno. Has lo que sientas cuándo lo sientas.
Publicado en Publimetro Chile.
sábado, 19 de octubre de 2013
viernes, 18 de octubre de 2013
Identidad
Tuve un cambio tan repentino luego de terminar mi relación de casi 9 años que mi personalidad se disoció. Dejé de ser el nerd angustiado que se escondía tras las faldas de su novia y pasé a convertirme en un pseudo galán independiente con fiestas 5 días a la semana, todo en cuestión de un par de meses. Ahora, tras un año de ese cambio, sigo sin encontrar el equilibrio. Me debato constantemente entre ambos polos. Porque el viejo Eduardo sigue ahí, escondido, y aparece en mis peores momentos. Por ejemplo ahora, en que estoy atravesando una pequeña crisis financiera y un gran desastre sentimental. Ahí sale de la oscuridad y trata de arrastrarme a los viejos momentos de ansiedad de antaño. Pero el Eduardo ganador, cerveza en mano, lo combate. No hay tiempo para deprimirse, sólo para festejar.
Como todo en la vida, encontrar el balance es fundamental. Dudo que yo sea uno u otro extremo de mi personalidad, creo que más bien soy en parte los dos y en gran medida ninguno, porque el verdadero Eduardo yace en el medio. Es mi misión encontrarme en ese centro, descartar lo que no me gusta de ambas formas de ser y potenciar lo que me gusta de éstas. Se ve una tarea complicada, pero si no me encuentro a mí mismo, ¿la vida de quién viviré? No la mía, eso está claro.
jueves, 17 de octubre de 2013
Aura
Hoy me leyeron el aura. Específicamente, mi chakra celeste, el de la garganta. Fue dentro de una lectura grupal, por ende, si bien a cada uno de nosotros le leyeron sólo uno de los 7 chakras, el hecho de que todos estuviéramos ahí en ese momento significaba que estábamos todos conectados de alguna forma. Sí, sentí la conexión... estoy cada vez más hippie.
En tiempos de confusión nos aferramos a cualquier cosa que parezca tener sentido. De todas formas, me considero un hombre flexible y abierto al cambio. Estas cosas místicas a veces podrán sonar completamente irreales y hasta infantiles, pero si no las vives no podrás comprender cómo sí pueden tener un efecto positivo en tu vida. Y, créanme, necesito algo positivo con urgencia. Al menos creo que estoy en el camino indicado. Haré desde este momento lo que mi corazón me dicte y dejaré de lado mi cabeza por un rato. La vida se da mejor si la vives más y la piensas menos.
lunes, 14 de octubre de 2013
Soltería 101 - Capítulo 15 – Corriendo por la vida
Siempre fui un holgazán cuando se trató de hacer deporte. Mi cuerpo de 1,75 mts de estatura y 63 kilos de peso no conocía de ejercicio ni actividad física; siempre fui flaco y ya había aceptado mi condición. Eso hasta que me aburrí de perder el aliento al subir 3 pisos por las escaleras o correr tras el bus por media cuadra. Compré un buen par de zapatillas y salí a correr. Me lesioné por no estar preparado, pero no me detuve ahí. Algunos meses después me inscribí en un gimnasio, motivado por mi ex. No he parado de ir en más de un año y medio, incluso luego de terminar con ella.
Entusiasmado con mi nuevo estado físico y mi excelente resistencia, decidí llevar mi práctica deportiva más allá del gimnasio. Comencé a correr con mi hermano una vez a la semana, e incluso participé en una corrida de 10 kilómetros por Santiago. Todo esto hasta que mis rodillas no resistieron y tuve que parar por un tiempo. Y, luego de ese tiempo, no eran precisamente las rodillas lo que se me agotó. Apareció la vikinga y drenó todas mis energías con su pasión escandinava.
De vuelta en Santiago, tras esa mágica semana en Buenos Aires, estaba destrozado. Mi corazón no bombeaba sangre, sino lágrimas. Apenas podía comer o dormir, sólo podía pensar en mi bella amante nórdica. Entonces llegó mi salvación: correr. Aquella actividad que había dejado relegada a simplemente un recuerdo fue y sigue siendo uno de mis mayores soportes. Pero no es el deporte en sí mismo, es el nuevo enfoque que tomó para mí lo que me ayuda.
J, la chica que propició la serie de eventos que desencadenaron en mi fulminante relación con la vikinga, me llevó también a descubrir el Hash y así, mi nueva vida. Porque el Hash no es sólo un grupo de gringos y unos pocos chilenos que se juntan Sábado por medio correr por algún lugar de Santiago o sus alrededores. No, es mucho más que eso. Según su propio lema “it's a drinking club with a running problem” (es un club para beber con un problema de correr). Porque el deporte es sólo una excusa para luego beber sin culpas y pasar un buen rato con los integrantes del grupo, alrededor de una buena parrilla y mucha cerveza.
Ya van 6 veces que he asistido a esta maravillosa actividad. Luego de la quinta vez fui bautizado con un nombre de connotación sexual, que es lo que se estila en este grupo. Dejé de ser Eduardo y me convertí en Veni V.D. Vici (una modificación de un dicho en latín y que, en inglés, da a entender que tengo una enfermedad venérea -V.D.-). Desde ese momento pasé a formar parte del Hash y les puedo decir que es simplemente genial.
Hace un tiempo, creo que antes de empezar a correr, leí un artículo sobre cómo este deporte se convirtió en una moda que llegó a Chile hace unos años. Ahí señalaban que la mayoría de los nuevos corredores eran hombres de mediana edad, que más que por su estado físico, salían cada tarde o mañana a correr para huir de sus problemas. ¿De qué estoy huyendo yo? De muchos fantasmas, creo. Sin embargo, tengo fe. Corriendo por la vida he logrado escapar de ellos. Estoy seguro que cuando me detenga ya se habrán cansado de perseguirme.
Algunas de mis imágenes en el Hash (soy el flaco de camiseta Adidas gris):
Bautizo: de Eduardo a Veni V.D. Vici
Hash #134: Don't Mess with Texas hash
Más info en http://santiagohashhouseharriers.blogspot.com/
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